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miércoles, 6 de octubre de 2010

"SECHÌN, TESORO DE PIEDRA" - de Jaime Lòpez Raygada (Ensayo)



SECHIN,
TESORO DE PIEDRA

Sechìn, nos muestra una de la paredes laterales del
templo, cuya magnificencia es indudable.


La ciudad es pequeña y ha empobrecido. Casma fue opulenta, cuando el apogeo de las grandes haciendas. Ahora languidece, a la plaza, sombreada por aromosos ficus fusilaron a Uschu Pedro, el lugarteniente de Atusparia, que levantó a los indios contra el gobierno de Cáceres, porque la autoridad le hizo cortar la trenza que usaba como signo de realiza entre sus agentes. Cuanto tomó Huaraz, no cometió atropellos contra los blancos despavoridos, murió víctima de una celada.
En cuanto a Uschu Pedro, o Pedro el Negro, hizo frente al pelotón de gendarmes con espartana serenidad – pero Casma tiene un tesoro a las puertas, en los terrenos de la hacienda San Rafael.  Este tesoro es de piedra y se llama “Sechín”, descubierto y revelado al mundo por Tello, que quedó fascinado por aquellos restos líticos en los que asoma un mundo nuestro hace tres mil años, donde las imágenes de crueles guerreros de entonces triunfales y misteriosas imágenes intraducibles hoy, fascina y conmueven aún todavía en medio de la ruina de tantos siglos de depredación.  Todavía está en pie una estela blanca de granito con extrañas marcas que parecen indicar que servía para medir la altura de las aguas.  Porque de antiguo el valle fue azotado por avenidas que la asolaron.  En este sector, en los Cerros de Sechín y Mojeque, apareció hace milenios o más, un complejo cultural, cuyas muestras epónimas están en los adoratorios de los dos “Sechines” el Alto y el Bajo.  Hubo en el principal de ellos, el de Sechín alto, un templo o palacio-templo comparable a los asirios o Egipto, que en nada les cede.
Había noventa y ocho monolitos bellísimos, todavía quedan ochenta en el terreno, doce han sido robados y seis están en el Museo Nacional de Antropología.
De aquella misma época, tan lejana en el tiempo, es el llamado “Castillo de las Calaveras” donde se encuentra inmensa pila de cráneos, testimonio de la crueldad con los que los quechuas invasores castigaron aquel último reducto del Gran Chimú al que sólo pudieron avasallar, cortándole los acueductos de agua potable y cercándolos por hambre.
Sechín es un tesoro de enorme valor que hay que conservar y difundir, y cuya custodia tienen que asumir nuestras autoridades. Hace pocas semanas, estuvo allí Arturo Jiménez Borja, que consiguió alguna ayuda para efectuar trabajos iníciales.
Los Casmeños, pagaron tres peones para cooperar. El día en que limpien las ruinas, se cerquen y se reconstruya aquellas venerables huellas de un pasado grandioso, Casma volverá a ser opulenta, porque habrá una corriente de visitantes que para recorrer el adoratorio se detendrán en el antiguo pueblo dormido, que es ahora sólo un lugar de pasaje hacia las ciudades de la sierra de Ancash y del norte grande.

Autor: Jaime Lòpez Raygada

           (El Comercio – 04 de Mayo de 1970) 


PEQUEÑA GAVIOTA - Relato de Augusto Llosa Giraldo


PEQUEÑA GAVIOTA



Para ti C.A. por tu inspiraciòn


Las  gigantescas olas golpeaban sin cesar la pequeña costa de una isla escondida en medio de la mar en donde pernoctaban asustadas todo tipo de aves que no lograron alcanzar la costa antes del anochecer.
Entre ellas una pequeña colonia de gaviotas se escondían entre los escondrijos resbaladizos hasta donde llegaba con fuerza inusitada las olas una tras otras, en una noche tormentosa que no tenia cuando acabar. 
En medio de este panorama convulsionado una pequeña gaviota se escondía debilucha, muerta de miedo que tiritaba de frío junto a su madre y hermanos mayores que no se cansaban de darle fuerza, valor.
Llegada la mañana la calma se hizo presente en medio de un mar esplendoroso que brillaba con un sol que parecía arder.
Una a una las aves se acicalaban y calentaban sus alas con un batir incesante que denotaba alegría y predisposición a partir de inmediato para alcanzar su destino.
Los primeros en levantar vuelo fueron los pelícanos pesados, seguidos de patillos que no dudaron en lanzarse al agua en medio de un bullicioso agitar y alboroto.
Las gaviotas en cambio demoraban en hacerse al espacio porque uno de ellos, presa de miedo se resistía a volar, tenia  temor porque sufría de mal de altura. Y era miope y esa noche aciaga había perdido sus anteojos y como tal no podía visualizar bien a lo lejos.
Luego de una larga discusión  todas las gaviotas la conminaron a volar, de no hacerlo se quedaría sola en aquella isla abandonada, estaba sentenciada a volar o a morir.
La gaviota mayor que parecía ser el jefe de la bandada fue la primera en remontar su vuelo, le siguieron los demás y cuando parecía que la pequeña gaviota vacilaría, ésta se lanzó al espacio con evidente temor que poco a poco fue superando, y siguió a la distancia a la colonia hasta alcanzar la costa horas después.
Su llegada fue celebrada con mucha alegría, y partir de este momento nunca más tuvo miedo a la altura,  y el problema de su antigua miopía de pronto desapareció sin mayor explicación.

Tortugas, 02 de octubre 2010

lunes, 20 de setiembre de 2010

RIO NEGRO - (Relato de Augusto Llosa Giraldo)

RIO NEGRO



           La arenisca  caliente y terrosa  se  levantaba  en grandes proporciones en aquel terreno desértico que bordeaba la costa agreste; no había un solo elemento viviente en muchos  kilómetros a la redonda; Sólo la estela turbulenta de la camioneta denotaba presencia humana en aquella senda virgen que se habría paso con grandes dificultades, en medio de un día soleado de marzo; Oscar, iba al volante sudoroso y concentrado que con gran habilidad sorteaba cada uno de los obstáculos en aquel paraje intransitable lleno de baches, curvas y pendientes peligrosas;  Había decidido cortar camino por un trecho poco conocido qué sólo los más intrépidos  aventureros podían desafiar  en épocas de verano. Tenía que llegar al lugar indicado antes de la puesta del sol.
La ruta inevitable que había emprendido era larga, desprovista de poblados, sólo en parte el mar se veía reluciente, azul, para luego desaparecer por entre los inmensos cerros  oscuros, luego aparecía el desierto inmenso, mudo  a semejanza de una mesa áspera sin pulir, ondeante por entre dunas hermosas, que de trecho en trecho aparecían  como medias lunas despeinadas por el viento proveniente del mar.
Había partido al mediodía luego de una mañana agitada de compras, encargos, y la compañía del Dr. Joaquín Bataglia recién llegado del extranjero, quien  lo había contratado como chofer, para traer de regreso a todos los expedicionarios de la Misión Científica que él dirigía de una connotada Universidad Europea; fue muy explícito en sus recomendaciones  y bondadoso en el pago de su servicio, lo cual entusiasmó  y lleno de  valor a Oscar. No era la primera vez que lo hacía  sólo que esta vez   la ruta que había tomado era más corta  para el tiempo señalado, por lo que tenía seguridad en hacerlo muy pronto para cumplir con su cometido.

            La expedición arqueológica había cumplido los plazos señalados de trabajo, en una zona costera del litoral casmeño, cuyos resultados nada halagadores impidieron una nueva autorización oficial; situación que incomodaba al Dr. Bataglia  que no dudaba en retornar pronto a su país. Las expectativas formuladas en este proyecto fueron muy difundidos por la prensa especializada tanto del país, como en el exterior, lo cual comprometía el prestigio alcanzado del profesional en su calidad de director, que de regreso al Perú sólo atinó a señalar , ante el requerimiento de la prensa, qué por falta de presupuesto la importante misión  había suspendido sus labores, que por más de quince  meses de ininterrumpidos trabajos había desarrollado en “El Huaro”  en busca de una ciudadela pre-inca, que según los estudios se encontraba sepultada entre los arenales.
El viento fuerte calcinante de la costa, que todas las tardes azota con dureza los extensos desiertos del norte, impide ver con normalidad un trayecto cualquiera; la arena y el sopor que agobia a tan altas temperaturas no era impedimento para que el joven chofer dirigiese su máquina con seguridad por aquella marginal pocas veces transitada.
La jornada era dura, lo cual exigía el mayor esfuerzo, que no dudaba en lograr; hacía dos horas que había iniciado el viaje, y aún faltaba un poco más, en tanto que la tarde caía sobre el poniente y los primeros signos de calma se dejaban notar. Solo el ruido característico del motor rompía el silencio aparente que se ceñía sobre aquel terreno desolado.
Conocía el peligro que entrañaba aquella decisión de vadear la carretera para cortar el trayecto. Sólo el instinto audaz podía asegurar que el éxito le sonreiría una vez más. De pronto el atardecer  lo fue envolviendo lentamente, tuvo que moderar la velocidad del vehículo para no cometer alguna imprudencia lamentable. A estas alturas del camino se comenzó a preguntar.- ¿no habré cometido una imprudencia  por pretender ahorrar tiempo? pero que se puede hacer.- se dijo.- Sí  ya estoy cerca al lugar  y con un poco de suerte llegaré en unos minutos más. Los faros iluminaban  con dificultad los estrechos senderos qué en la medida que la noche se acentuaba, no podía divisar; el terreno de pronto cambió su configuración y  era muy peligroso continuar; los neumáticos violentamente saltaban, hasta que en una curva pronunciada al girar el timón, éste se quedó plantado produciéndose  una fuerte explosión qué por poco se voltea. ¡No doy más¡.- se dijo .- tengo que forzosamente esperar que amanezca para reparar el daño y continuar. Repuesto ya del susto se dio cuenta que estaba bañado en sudor, de arena que le cubría todo el cuerpo, y que le incomodaba tremendamente. Tomó un bidón de agua que llevaba, se desnudó en medio de un cielo transparente que lo envolvía, y lentamente se fue bañando de a pocos con un vaso, hasta que el alivio le colmó el espíritu.

              A esas  horas un silencio sepulcral endurecía el ambiente natural que lo protegía, atenuado de rato en rato por una suave brisa con olor a mar que corría de sur a norte. Ello aliviaba en parte la desazón que le embargaba, en momentos en que el hambre le hacía comer unas galletas y beber una gaseosa con aparente satisfacción. La dureza del camino comenzó a manifestarse en su cuerpo, con fuertes dolores de espalda y brazos que le obligó a descansar para relajarse .- Voy a dormir como una marmota para levantarme temprano¡.- Murmuró entre dientes.- Para ello prendió la radio y  escuchar un poco de música que le permitiera despejar su mente, y cuando ya se disponía a cerrar los ojos, sintió ganas de orinar, entonces, abrió la portezuela de la camioneta  y salió a campo abierto, dejando la radio escuchar una conocida melodía que corrió  en el  ambiente; lo recibió  un viento esquivo que a intervalos lo acariciaba dejándole una sensación indescriptible de tranquilidad y sosiego que nunca había experimentado. Sorpresivamente levantó la mirada al cielo y quedó maravillado, atónito al contemplar la majestuosidad de la noche estrellada que en su más mínimo detalle se dejaba divisar. Fueron segundos o quizás minutos que permaneció inmóvil, anonadado, embelesado por aquel espectáculo sideral inusual que de pronto fue roto por una tenue luz  que se extendía cada vez más, con un color dorado intenso, a unos quinientos metros o más hacía al norte. Su sorpresa fue tan grande que no podía creer lo que sus ojos veían, era algo así como una llamarada localizada detrás  de una colina que con mucha nitidez  se podía contemplar; pasmado tardó unos instantes en cerciorarse sí estaba dormido o despierto, movió la cabeza a todos lados, cómo tratando de buscar ayuda, pero nada. Estaba solo en aquel paraje solitario. Entonces sus ojos volvieron a mirar la deslumbrante luz  con más confianza que lo atraía, lo embriagaba.
No lo pensó mucho y armado de valor, decidió ir al encuentro de aquel misterioso resplandor de grandes proporciones que lo atraía como imán.
Se acercó al vehículo, apagó la radio y cerró la puerta con sumo cuidado, y comenzó a caminar con cautela, pero resuelto a conocer la verdad de aquel fantástico suceso.

            Lo inexplicable tiene el beneficio de la duda, cómo creer en algo que sencillamente no era posible que existiera, pero los hechos en ese momento eran evidencia palpable.  Cómo explicarse y creer,- se decía.- Oscar, mientras avanzaba cautivado con firmeza, puesto los ojos fijos en está luz etérea muy rara que le daba una brillantez extraña. Sigilosamente se fue acercando al borde del médano arenoso que la protegía, y comenzó a trepar lentamente, y cada vez que daba un paso se hundía, pero luego de mucho esfuerzo logró llegar a lo alto; y grande fue su sorpresa, que lo obligó a caer de rodillas, sudoroso, al contemplar al fondo un valle una ciudadela de grandes proporciones que parecía arder, mientras del cielo caía una lluvia repentina de luces fugaces que inmediatamente desaparecían. Absorto, maravillado se dejó conducir rápidamente a grandes pasos por una senda empedrada que daba acceso al interior del complejo arquitectónico. Su intrepidez quedó complicada  luego de cruzar por una de las inmensas puertas de la alta muralla protectora, al descubrir interminables callejuelas estrechas que desembocaban en amplias avenidas simétricamente trazadas por una inteligencia superior, desconocida qué no podía explicarse en esos momentos, además sus escasos estudios le impedían conocer más; siguió caminando por plazas y calles  bellamente adornadas con colosales monolitos propios de una cultura muy desarrollada e ignorada hasta entonces; cansado y vencido por el natural miedo humano, se decidió ingresar al interior de uno de los suntuosos y magníficos palacios que de lejos se divisaba. éste se ubicaba en lo alto de una meseta que dominaba con todo su esplendor el valle; la escalera de ingreso estaba finamente labrada en roca viva en forma de S de unos cincuenta metros de largo por unos tres metros de ancho, el frontis principal  descansaba  sobre una plazoleta de forma concéntrica toda adoquinada con piedras ovoides de colores diversos; la construcción tenía paredes de granito o algo parecido de dimensiones asintóticas, con figuras llamativas en bajo relieve que sobre la puerta asemejaban ser eternos guardianes; el más terrible parecía ser la mirada de un cóndor gigante que con sus alas abiertas daba la sensación de querer atacar.  Había también jaguares, pumas y peces extraños que en todo el contorno del salón  principal parecían vigilar. En la parte alta se hallaba un santuario al que había que  por una escalera de mármol color  Rosado. éste tenía pequeños terraplenes en tres niveles, todos en forma de U , en la parte central se alzaba la figura de un deslumbrante disco solar de oro macizo, de unos tres metros de diámetro, que con sus espigados rayos cubrían casi toda la parte lateral del edificio; en estas  circunstancias, Oscar no pudo contener  la emoción, y en un extraño éxtasis que lo embargo, se abalanzó sobre un conjunto de estatuillas de oro de todo tamaño que se encontraban sobre los terraplenes.- al parecer.- eran ofrendas sagradas dejadas en señal de veneración que el intruso no supo valorar, ni menos comprender en ese momento.
La magnificencia del aposento y todos los lugares brillaban con esa luz misteriosa que lo resplandecía todo, y permitía observar con todo detalle a grandes distancias; Era sencillamente, o extrañamente, extraordinario, fantástico...
                                                                                                
              La madrugada asintió sus primeros resquemores permitiendo que el alba dejara filtrar su primer atisbo de luz, y se hizo la mañana.
Qué había sucedido con Oscar, luego que amaneció,  que fue  hallado perdido en estado inconsciente, luego de una intensa búsqueda  por entre los arenales cercano al mar, con los ojos desorbitados y balbuceando palabras incoherentes, señalando a cada rato con el dedo índice un lugar llamado: “Río Negro” que el repetía sin cesar. Antes de ser internado en un hospital siquiátrico de la Capital y ser abandonado, se le encontró en uno de sus bolsillos una pequeña estatuilla de oro de incalculable valor que el profesor Bataglia ocultó, y se lo llevó a su país como único recuerdo de su frustrada expedición, y que hoy se exhibe con orgullo  en el museo de la Universidad; catalogado con el nombre de: “Cultura Río Negro".- Período Formativo Temprano.- 1,800 años a.d.c – Casma – Ancash – Perú.


viernes, 17 de setiembre de 2010

UN VIAJE INESPERADO (Relato de Augusto Llosa Giraldo)

           UN VIAJE INESPERADO

El autor en la ciudad de Ocros, capital de la provincia
del mismo nombre, en la Regiòn Ancash.

            Para tomar una decisión inusual, en el acto hay que tener poderosas razones y motivos más que suficientes para actuar sin pensar dos veces.  Aquella mañana fresca de mayo, Oscar recibió una sorpresiva carta de manos del cartero en momentos en que se aprestaba a partir; verificó quién era el remitente y la abrió con ávido interés  y comenzó a leer en forma pausada, y lo que parecía una usual misiva se transformó en una real preocupación que le humedeció los ojos y lo llevó ha abrir la ventana de la habitación que todavía olía a ropa usada para respirar un poco el aire fresco, que lo necesitaba, y ordenar sus ideas que lo habían atolondrado un poco y cogido por sorpresa ; se sobrepuso, se fijó en la fecha de remisión de la carta y constató que habían transcurrido más de dos semanas para que está llegara a sus manos. Entonces no tuvo más remedio que preparar su equipaje, hacer una llamada telefónica a su centro de trabajo y partir al volante de su nueva camioneta. Sabía que le esperaba un largo viaje y había que tomar precauciones: lo primero que hizo fue comprar un mapa geográfico y una guía de viaje de esa región casi perdida al este del Perú; tomó un desayuno frugal y se aprovisionó de botellas de agua gasificada, bolsas de biscochos, y partió solo sin mediar explicación a nadie en particular.

            Conforme avanzaba el vehículo y los kilómetros desaparecían, transcurrieron muchas horas de viaje, y es cuando el hambre y el cansancio aparecieron  pero no le hicieron  mella; ascender el macizo central de la Cordillera de Los Andes, es tarea de cuidado para quienes por primera vez lo intentan, y en este caso, Oscar tomó sus precauciones, y así lo hizo; antes del anochecer decidió descansar en un pequeño poblado que se ubica a un costado de la carretera antes de pasar al otro lado de la vertiente andina; estaba muerto de hambre y cansado tenía que reponer fuerzas  y cerciorarse del buen estado del vehículo. Se estacionó en un restaurante en donde cenó un suculento caldo de gallina de corral, caliente  de entrada, y como plato de fondo, un bistec de carnero a la parrilla, con sus papas fritas, ensalada de verduras y una copa de buen vino para asentar la comida, que por ser bueno, se tomó tres; luego se hospedó en un antiguo hotel  que más bien era una antigua casona acondicionada para este negocio, en donde una ducha de agua caliente le repuso el ánimo, y antes de meterse a la cama, sintió ganas de leer nuevamente la carta en cuestión que le atosigaba el espíritu, y luego de vacilar nerviosamente por unos segundos se decidió a sacarla del bolsillo de su casaca de
Cuero;  con cuidado la abrió y comenzó  una lectura pausada, de
Palabra por palabra y entonces descubrió que el contenido de dicha carta era una especie de testamento que le sugería por momentos y en
Otros le daba instrucciones precisas de tal o cual cosa que debía cumplir luego de determinadas circunstancias y condiciones; fue en ese instante que recordó los mejores momentos vividos durante su  niñez y cuando se casó hace varios años y fue feliz antes de enviudar y quedar  nuevamente solo. No tuvo tiempo para tener hijos, el lamentable accidente que sufrió su joven  esposa se lo impidió, y eso le remordía como un castigo, no quiso recordar más, se recostó en la cama, prendió un cigarrillo, mientras ojeaba el mapa de viaje trazado, hasta que el cansancio lo hizo dormir profundamente sin que él se diera cuenta.

            Antes del amanecer  un potente trueno estremeció las montañas, que le hizo saltar de la cama y recordarle que ya era tiempo de prepararse para reanudar el viaje. Abrió la ventana que daba a la calle principal y pudo percibir el olor a mojado y el fresco pan que  llegaba con un viento fresco que le animó la mañana, y observar asimismo  que llovía levemente con ponderación; entonces  acomodó sus pocas pertenencias, tomó las llaves de la habitación y del vehículo y salió; al bajar la escalera de piedra se cruzó con la dueña del establecimiento que luego de saludarlo le ofreció una taza de café caliente  que él accedió amablemente, fue momento para intercambiar algunas impresiones del carretera  que ingresaba muy  cerca a la zona selvática, que él nunca había pensado conocer y tenía las peores referencias, Luego de agradecer la gentileza de la anfitriona, se dirigió al garaje en donde limpió cuidadosamente  la camioneta, en tanto que el sol comenzaba a rayar los picachos de las altas montañas, con un cielo límpido que poco a poco dejó todo vestigio de mal tiempo ; antes de partir, compró una bolsa de pan de maíz que todavía humeaba y unos tamales calientes de gallina.

            Con suerte la lluvia se disipó rápidamente y el sol brillaba resplandeciente en todo el valle agreste de la sierra, que comenzaba a descender desde que cambió de ruta; era el ingreso a la tierra caliente, llena de sorpresas y peligros desconocidos; uno a uno los ríos grandes y pequeños descendían sorpresivamente, tormentosos y cruzaban la carretera. Por otra parte, el verdor era cada vez más intenso de los inmensos campos que se abrían paso en medio de una enmarañada flora  todavía  virgen, junto a un calor cada vez más sofocante y lleno de  mosquitos y otras alimañas que  parecían salir del vientre de esta  tierra  endemoniada que no todos pueden  estoicamente soportar, muy  a pesar de la exuberante belleza que nuestros ojos pueden contemplar en estos parajes llenos de vida y muerte que es una constante diaria por sobrevivir; ninguno de estos obstáculos pudo doblegar el espíritu tenaz de Oscar, que ya se sentía más aliviado al saber que muy pronto llegaría a su destino; era solo cuestión de unas horas nada más para llegar a “Nueva Esperanza”,  poblado enclavado en la parte alta de una pequeña  colina,  junto  a dos ríos caudalosos que la cruzan y  vigilan celosamente desde la parte baja del valle.

            A estas alturas del camino, la “civilización occidental y cristiana” se vuelve a contemplar a lo largo de la ruta  con ciudades modernas, llenas de confort y tecnología que hacen palidecer a cualquier otra ciudad, que cómo “oasis” brillan llenas de cemento y sensualidad desbordante, al menos esa era la impresión que tenía Oscar, luego de ingresar a uno de los  bares que pululan por todas partes, para tomar una cerveza bien helada y contemplar a las mujeres que  atendían a los parroquianos con ropa ligera y dispuestas a toda petición de los clientes, que no se hacían de rogar para estos menesteres. Mientras una  música estridente y cadenciosa animaba el ambiente.
Las ansias por llegar le hicieron olvidar las horas, el cansancio y el hambre; cuando  al promediar las cuatro de la tarde  el vehículo hizo su ingreso a “Nueva Esperanza”, una ciudad bien trazada, de casas mayormente de madera; no le fue difícil dar con la pequeña plaza de armas, llena de poncianas y buganvillas bien cuidadas, y preguntar a un transeúnte por la dirección que traía- le señalaron – qué sólo a dos cuadras a la derecha de la Iglesia Matriz se ubicaba la calle en mención; al llegar al lugar  miró desde el interior de su vehículo que la puerta principal se hallaba cerrada y luego de vacilar unos segundos se animó a bajar resueltamente con la carta en la mano. Subió unos peldaños de la escalera de madera, y con cierto temor, tocó tímidamente la puerta, nadie contestó, pero al fondo de la casa pudo percibir que un perro  ladraba, entonces volvió a tocar y en menos de un minuto se abrió la puerta, y dentro de ella pudo observar a una mujer relativamente joven de mediana estatura, esbelta que vestía completamente de negro, cuya palidez de su rostro blanco y delicado  resaltaba con la luz del sol que le llegaba a la cara. Reponiéndose de esta primera impresión, preguntó: “casa de la familia Córdova” – si – respondió tímidamente la mujer; “soy hermano de Alberto y vengo de la costa.”  No hubo más palabras entre los dos, porque la pobre mujer se quebró en llanto y se echó a los brazos de aquel hombre que sabía que era hermano de su difunto esposo que semanas antes habían sepultado tras sufrir una penosa enfermedad, y quién antes de morir le advirtió que ella no se quedaría sola, no sólo porque tenía a sus dos hijos varones, sino porque  le tenía preparado una sorpresa que ahora ella comprendía, ya que el difunto nunca le había confiado que tenia un hermano gemelo. Pasadas las primeras impresiones y las emociones que los embargaba a ambos, Oscar le entregó la carta de su hermano que ella leyó con avidez, atención y sorpresa, y luego de invitarlo a pasar a su casa, aparecieron de pronto los niños que al verlo corrieron ha abrazarlo y a un solo grito los dos exclamaron:

- “Papá no has muerto...”                                                             

jueves, 17 de junio de 2010

DERECHO AGROECOLOGICO. Autor: Dr. José Ramos Arnao

Los Ramos Arnao: Josè Santos, Abel, Adolfo, Carlos y Mercedes junto
a su padres. Reconocida familia casmeña.
 

DERECHO AGROECOLOGICO



Los alcances del nuevo Derecho agrario destinados a una cobertura de protección jurídica del hombre de campo en su que hacer agrícola, llevan las normas conceptuales a la protección de lo que hoy se reclama con tanto énfasis, esto es el Medio Ambiente. De ahí que insurja un Derecho Agroecológico que haga preservar los elementales recursos de aire, tierra y agua no contaminados para una agricultura sana.
La Agroecología tiene así, la proyección de un nuevo Derecho Agrario cuyos elementos constitutivos jurídicos se entrelazan. No cabe la agricultura en tierra depredada con utilización de aguas contaminadas o servidas; y mucho menos si el aire que oxigene las plantas esté encarecido con sustancias tóxicas. Esto es, la suma de los elementos vitales.
Hay que distinguir lo que el medio ambiente debe ser para la agricultura, dentro del concepto de la Agroecología, con lo que la naturaleza nos brinda con sus recursos de flora y fauna silvestre, como consecuencia de un ecosistema que debe preservarse para que no se destruya la biodiversidad de elementos existentes en determinadas zonas.
En nuestro caso, la legislación tiene en principio su sustento en el Decreto Ley Nº 21147, del 13 de mayo de 1975, que protege los recursos forestales y de fauna silvestre, sancionando su depredación y disponiendo que se usen en armonía con el interés social. Se destina al Fuero Agrario, extrayéndose del Fuero Común los conflictos que pudieran suscitarse en cumplimiento de dicho dispositivo legal. Desde ese momento empiezan las Unidades de Conservación, consideradas en: Parques Nacionales y santuarios Históricos.

Los Parques Nacionales, como áreas intangibles destinadas a la protección de flora y fauna silvestre, contribuyen también a la belleza paisajista.

Las Reservas Nacionales, Destinadas a la protección y propagación des especies de la fauna silvestre de interés nacional, evitan la extinción de una biodiversidad de fauna silvestre, como el caso de la Reserva de Paracas.

Los Santuarios Nacionales son áreas intangibles para proteger una especie de plantas o una comunidad determinada de animales, así como las formaciones naturales de interés científico y paisajista. Es el caso del Santuario de Tumbes, para los manglares y el cocodrilo negro.

Finalmente están los Santuarios Históricos, áreas intangibles de protección de escenarios naturales en que se desarrollaron  acontecimientos gloriosos de la Historia Nacional. Las pampas de Junín y la Quinua son un ejemplo.
Esta ley también estimula la reforestación, tanto con fines de proyección y/o reproducción, en tierras cuya capacidad de uso mayor es forestal, encomendando esta labor al Ministerio de Agricultura. Lamentablemente, poco se ha hecho, salvo los casos de Cajamarca y del cuzco, por intervención Municipal.
A partir de 1980 la constitución del Estado ah declarado la conservación de los recursos naturales, renovables y no renovables, como patrimonio de la Nación. En tal sentido incluye los minerales, tierras, bosques, aguas y en general todos los recurso naturales. Fuera de los recursos mineralógicos, todo lo demás corresponde al Derecho agrario. Así, las tierras agrícolas de propiedad privada, por el carácter de interés social de esa actividad, pertenecen al Nación (Artículos 118, 124 y 157 de la Constitución Política de Estado).
El Código del Medio Ambiente, Decreto Legislativo Nº 611, se sustenta, en principio, en el Art. 123ª de la Constitución Política del Estado y la Ley Nº 23996, que de clara de necesidad nacional la creación del Código del Medio Ambiente y los Recursos Naturales, y la Ley Nº 25238, que delegó en el Poder ejecutivo la facultad de dictar mediante el Decreto Legislativo el aludido Código en el plazo de noventa días.
Este Código no debe interpretarse como una norma atentatoria del desarrollo del país. El nuevo Derecho Agrario, en su ámbito agroecológico, considerada la explotación racional de los recursos naturales, sin afán depredador ni economicista, como sustancialmente aparece en la norma matriz del derecho Ley Nº 21147
Para el mejor cumplimiento de estos principios, se va a inaugurar un Juzgado de Tierras en la subregión biofronteriza de Madre de Dios, en la Región Inka. A partir de ahí el Perú tendrá la oportunidad de mostrar al mundo un Juzgado de Tierras inédito por su competencia en la agroecología, en cuanto cumplirá su jurisdicción destinada a la conservación de los recursos naturales, de flora y fauna silvestre, contra los depredadores, cazadores furtivos y exportadores inescrupulosos de animales silvestres que se exceden en el número de autorización; conocerá también los derechos reales, personales y mixtos, relacionados con la agricultura, de los habitantes de esa subregión, fundamentalmente comunidades nativas, en relación a su hábitat.
Es importante anotar que el código de Medio Ambiente, al tipificar las faltas y delitos ecológicos, debió derivarlos para su sanción a jueces especializados, como son los jueces de tierras, haciendo abstracción de ello. El reciente Código Penal abunda ene. Error al dar tratamiento de delito común a los ecológicos, ignorando que no acabe en estos delitos medida punitiva contra la libertad, sino la reposición del daño causado, como es norma jurisprudencial.
Estos son los alcances de un nuevo Derecho agrario, agroecológico, como sustento de la vida del hombre, plantas y animales, en relación con la actividad agrícola y que están incluidos, felizmente, en el temario del Proyecto de la Nueva Ley General Agraria.

Autor: Dr. José Ramos Arnao


martes, 1 de junio de 2010

UN TONTO EN EL CIELO - Relato de Augusto Llosa Giraldo


UN TONTO EN EL CIELO

A mi amigo: Elioc Coc Aguilar por su
amistad y lealtad en muchos de
muestros proyectos comunes.


En una tarde lluviosa de Marzo buscando un no se què inexplicable entre las arenas calcinantes del Manchán, hallé un pequeño ángel que emergía por entre el sopor que emanaba del desierto y la lluvia densa que caía. Su vestimenta ligera estaba magullada y manchada de sangre de color azul, en tanto que una de sus alas aún sangraba levemente; no se movía.
No podía creer lo que veía; un ángel en la tierra, ¡no, no, no podía ser una realidad, esto debe ser un sueño, una pesadilla me decía para mis adentros, preocupado; y mientras las dudas me carcomían el cerebro, el pequeño ángel comenzó a moverse lentamente; abrió sus enormes ojos color caramelo, y esbozó una tímida sonrisa como para congraciarse conmigo, y lentamente se fue incorporando.
Entonces retrocedí unos pasos, asustado, pero sus hermosos ojos me atraparon en silencio y de inmediato me vi a su lado tratando de ayudarlo. Preocupado entonces le pregunté: Qué te pasó angelito? ¿Cómo llegaste hasta aquí?, -  ¡Ah¡ no te preocupes, amigo, todo fue un lamentable accidente, por juguetón me caí, y ahora estoy un poco dolido nada más. ¿Pero cómo regresarás al cielo? - ¡ Vaya que pregunta para más insensata, no te das cuenta que soy un ángel y que puedo volar... - ¡ ah¡ claro un ángel, pero no puede ser, eso sólo existe en los libros ... y en la cabeza de tontos cómo tú, amigo, qué recién llegas y no te das cuenta ... te equivocas, ángel porque esto que estoy viendo es una realidad un hecho palpable qué tú no puedes negar...- ¡ ah¡ eres un estúpido como muchos, cómo puedes insinuar que soy un mentiroso, sí el terco eres tú, qué has venido y tienes problemas que resolver...¿qué problemas?, ¡vaya que cándido eres, no te das cuenta que estas en el cielo,. y que yo soy un ángel de verdad.. ¿En el cielo? ¿Qué cielo?..- Te explico humano: Este es el desierto de entrada al cielo a donde llegan...- A dónde llegaste tú, ángel.- No, amigo.- ¿no? no entiendo, qué está sucediendo, estoy confundido, - es decir ángel me has enredado... Te comprendo, hombre, pero tienes que aceptar tu realidad.- ¿Cuál realidad? Qué en verdad tú has llegado aquí, porque hace una hora que has muerto...



martes, 18 de mayo de 2010

EL SUEÑO (Relato de Augusto Llosa Giraldo)


EL SUEÑO


Fuì testigo del lanzamiento al agua del "Huarmey Queen", barco minero
de la cìa. Antamina, al cual fui invitado.


Todo lo había preparado con anticipación para celebrar el “Día de San Valentín”, lamentablemente el caluroso verano del norte no lo dejó dormir esa noche entre el sopor y sus preocupaciones cotidianas. Fue una noche de sobresaltos y entresueños que lindaban con pesadillas cada vez que acentuaba el sueño, entre el seco descanso de sus familiares que dormían y la constante soñolencia de sus temores. ¿Qué le remordía y lo intranquilizaba en la subconsciente? En varias ocasiones despertó sudoroso, jadeando y, nuevamente trataba de conciliar el sueño. En esos instantes se le agolpaban recuerdos idos, viejos, y una lejana percepción instantánea que no podía descifrar. Era una sensación angustiosa, nihilista, vaga que le recorría todo el cuerpo, pero a pesar de todo trataba de serenarse y volver a cerrar los ojos.
Sus padres que dormían en el cuarto contiguo notaron su incomodad y quejidos angustiosos que susurraba entre sus rígidos dientes que chirriaban y la voz gutural que dejaba filtrar a duras penas. Ante esta inconformidad su madre con sumo cuidado ingresó a su cuarto, prendió la luz y notó que temblaba, y de su cara desencajada brillaba un fino sudor; lo cubrió con la colcha que había caído y salió sin entender qué le ocurría a su hijo.
La tranquilidad habitual de la familia se rompió ese amanecer del catorce de Febrero, entre la noche que se disipaba y la turbulencia del sueño de Marcos que de rato en rato mediaba una calma abrumadora y amenazante que no dejó dormir a nadie en casa. Al llegar el nuevo día la aparente tranquilidad se dejó sentir, entonces éste se sumergió en un profundo sueño invernal luego de una tensa lucha por descansar.
Estaba agotado, extenúe; comenzó a roncar con profundidad y largos intervalos. En ese momento afloró en su entorno mental una onírica secuencia de imágenes diversas que se contraponían unas a otras, no las podía hilvanar, ordenar. Cuando se disponía a reconocer a estos personajes difusos, irreconocibles, éstos se diluían, se borraban lentamente como por efecto de una lluvia perspicaz; una a una gritaban, corrían hacia el desesperadamente, mientras en el trayecto se desgarraban en medio de un vocerío aterrador y lacerante que lo hacia estremecer y sudar frío.
Pasaron segundos de sueño profundo y nuevamente volvían aparecer cuadros de diversas imágenes que no podía reconocer.
Esta vez se vio solo al borde de un profundo abismo, debajo de cuyos pies corría un caudaloso y ondulante río que tenia que cruzar, pero su miedo lo hacia temblar y luego la secuencia diabólica desaparecía. Esta visión espeluznante de fantasmas y tétricos personajes que lo acosaban volvía a repetirse. Y en el momento culminante de este revelador sueño, se vio parado frente a un tribunal de jueces que como verdugos portaban hachas y machetes relucientes, todos encapuchados en macabra sesión deliberativa. Sorpresivamente se levantan y comienzan a perseguirlo por unas calles desoladas, luego ingresan a inmenso bosque lleno de obstáculos; la persecución es implacable entre árboles gigantes y de diverso color, pero cuando corría voltea y se da cuenta que son niños que con alegre mirada angelical y con los brazos abiertos lo llaman por su nombre. Cansado se detiene, y cuando cree que se a librado de sus captores, se da cuenta que son pequeños vampiros con largos dientes que pretenden atraparlo; reanuda la huida , sube por una escarpada ladera, mira alo alto y cuando creía haber escapado, aparecen más de éstos diabólicos seres que lo acorralan , no tiene salida; entonces grita, llora…entonces despierta sobresaltado, sudoroso, no entiende que  ha pasado, se revuelve cansado en la cama,  medita, y a un llamado de su madre, contesta; reponiéndose se viste y sale; todavía en su cabeza pesaban algunas ideas absurdas y las escenas de la noche tormentosa que aún lo inquietaba.
Se servia el desayuno en el comedor en donde cruzó algunas palabras con sus padres que lo miraban preocupados y en silencio, cuando de pronto tocan la puerta con insistencia, presuroso la abre, y observa que son numerosos policías que lo interrogan en el acto y lo detienen.
Qué había sucedido esa noche del martes, al parecer la premonición se anticipó a los hechos, o es que la casualidad siempre presente se había jugado todo por el.
Queda la duda, lo cierto es que Marcos aún sigue inmerso en un largo sueño del cual todavía no despierta.


                                                           (Fue publicado en la Revista Literaria “AZUL” No. 04 – 97)

viernes, 14 de mayo de 2010

CHANKILLO A PUNTO DE DESPLOMARSE (Opiniòn de Augusto Llosa Giraldo)

CHANKILLO I
A
 PUNTO DE DESPLOMARSE
Vista aèrea que demuestra lo grandioso que fue y aùn
pervive de pie..

Uno de las paredes laterales que miran el desierto

Es una de las paredes del segundo nivel

En esta foto se puede observar la parte màs alta del observatorio
construido por nuestros ancestros

Este es uno de los lugarres mejor conservados
que tiene Chanquillo. Cuidemoslo....

Se observan las trece torres  en perfecta armonìa en
medio del desierto que lo rodea.

Los medios periodisticos nacionales informan
la gravedad de la situaciòn de Chanquillo y otros
monumentos en peligro.


La actual situaciòn del complejo Arqueológico de Chankillo, ubicado en el valle de San Rafael, a unos 12 Km. de la ciudad de Casma, se encuentra seriamente dañado en cuanto a su estructura arquitectónica, en la medida que el deterioro de sus paredes laterales están a punto de desplomarse ante cualquier sismo de regular intensidad que se pueda producir en cualquier momento, ya que están rajadas y el peligro es eminente.
Sus murallas e ingresos de piedra que se ubican en lugares estratégicos en todo el contorno de la fortaleza están bastante abandonados y no hay signos que se haya tratado de mejorar en muchos años.
Pareciera que ninguna autoridad ha sabido valorar la importancia y grandeza de este monumento que debería ser el orgullo de los casmeños, pero la realidad es dura y hay que aceptarla como tal.
Es urgente que las autoridades locales tomen cartas en el asunto, y logren presupuestos que nos permitan recuperar el esplendor que alguna vez tuvo Chankillo.
Chankillo está considerado como el Centro astronómico más antiguo de la América Precolombina.
Los verdaderos casmeños debemos iniciar una Gran Cruzada para recuperarla y protegerla como se merece. sino las nuevas generaciones no nos van a perdonar. Manos a la obra...

LUZ AMBAR (Relato de Augusto Llosa Giraldo)

LUZ AMBAR

(Relato)


Caminábamos distraídos y un poco presurosos por una senda angosta de tierra dura, cuyo borde estaba rodeado de yerbasantas que expelían un aroma fragancioso y penetrante; pacaes y sauces adornaban la vera, mientras que en el cielo pendía una luna llena resplandeciente, debajo del cual se vislumbraba su luz en perspectiva de norte a sur. Asimismo se podía divisar claramente el campo lleno de rocío, y escuchar el clásico croar de los sapos en la orilla de una acequia.

Era una madrugada de un día de verano, cerca de las cuatro, el pequeño grupo se desplazaba distraído en tanto que yo conversaba con mi hermano menor, cuando de pronto pude observar en el cielo una titilante luz que “corrió” sorpresivamente y se detuvo. Pensé: ¿debe ser un avión?- Seguí observando, mientras los demás no se percataban de lo que sucedía. El punto de luz ya fijo en mis ojos volvió a correr en zig zag y a gran velocidad se detuvo nuevamente. Había crecido en tamaño, entonces me dije: ¿un avión no se detiene en el espacio? y tiene esa rara luz que atrae- ¿y sí fuera un satélite?, tampoco ¿Qué será entonces?, me pregunté. Era evidente que me impresionó su característica y color muy extraño.

Seguimos avanzando, mientras en silencio caminaba con la mirada puesta en el cielo, abstraído completamente de los demás, en tanto que el objeto de luz crecía y crecía a cada instante. A estas alturas de mi sorpresa no pude contener mi emoción o miedo, que nunca logré definir; entonces, levantando la mano, grité: “Miren allá arriba, en el cielo”. Nos detuvimos entre sorprendidos y asustados, contemplando maravillados lo que parecía ser una nave que emitía una luz multicolor que iluminaba todo el firmamento. La impresión fue tan grande para nosotros que al verlo relativamente tan cerca, el miedo paralizó a mis acompañantes, y otros optaron por buscar refugio dentro de la acequia que por ese entonces estaba seca, sin agua. Yo, mientras, deslumbrado y perplejo solo atiné a decir: “Es un Platillo Volador y nos va a llevar”. La extraña nave silenciosamente aumentaba en tamaño y cambiaba de colores, cuando de pronto se detuvo girando de izquierda a derecha irradiando una luz metálica muy intensa que oscilaba entre el color ámbar, amarillo, violeta, rojo, azul..., bastaron unos segundos para que de un ¡zas¡ repentino y fulgurante desapareciera del firmamento a la velocidad de la luz.

Fue un avistamiento espectacular, jamás imaginado y cada vez que recuerdo me siento privilegiado por esta inolvidable experiencia que pocos humanos han vivido, y estoy seguro que nunca más podré presenciar otro igual.

lunes, 3 de mayo de 2010

UN CINÈFILO DE ALTO VUELO - Relato de Augusto Llosa Giraldo


UN CINÉFILO
DE ALTO VUELO

Cuando llegan las primeras inquietudes en nuestra adolescencia llena de entusiasmo y voluntad desbordante, ocurre un sin fin de cosas que nos atesora el espíritu; vivimos una etapa inolvidable que nos hace suspirar de nostalgia ahora que lo recordamos. Quién no recuerda que cuando niños queríamos ser: “Batman”, “Superman” entre otros personajes de moda de los “cómic”, la televisión o el cine que por esos años todavía conservador y puritano leíamos y veíamos. En muchos casos sólo permitido para mayores de edad y gente acomodada. Claro, un niño no sabia nada de estas cosas, y ver una película en el cine o la televisión era toda una tentación que uno no podía perdérselo.
Recuerdo que a mi padre le gustaba mucho las funciones circenses, y a mi madre en cambio el cine siempre fue su fascinación al cual asistíamos por lo menos tres veces a la semana.
Esta afición desenvuelta – preferentemente - por el cine me llevó en mi niñez a ver películas casi todos los días, ya que en los años sesenta estaban de moda las funciones de seriales continuadas de “Tarzán”, “Maciste”, así como de películas mexicanas que en provincias se proyectaba de lunes a domingo, y por supuesto no todos los días nuestros padres nos daban dinero para asistir a cada una de las funciones. Era todo un reto para los niños agenciarse de los cincuenta centavos que costaba la media entrada para el “Cine Municipal” o el “San Martín”, peor aún si no cumplíamos con las tareas de la escuela o los mandados de la casa, estábamos prácticamente chantajeados por nuestros padres, sino también por nuestros hermanos mayores o los amigos más grandes que nos ilusionaban con encontrar una fórmula para solucionar este “problema” de adición al cine, ya que la televisión por esos años recién había llegado al pueblo y pocas familias podían ostentar uno en su sala.
Pero llegó esa oportunidad para el grupo de amigos del cual formaba parte; Pedro el más avezado e intrépido había descubierto que era posible entrar al cine por la puerta de escape del cine que daba al garaje municipal, y que permanecía cerrado casi todo el tiempo, lleno de vehículos malogrados y materiales de trabajo, lo único que teníamos que hacer era trepar una pequeña pared d e adobe semidestruida y bajar por una mata de ciruela que florecía al otro lado de la cerca.
La primera vez que lo intentamos salió a la perfección, la segunda ocasión también, hasta que en la tercera oportunidad alguien se dio cuenta de nuestra presencia, entonces los guardianes nos pillaron tratando de abrir la pequeña puerta; fui cogido debajo de uno de los carros viejos en donde me había escondido, y recibí como castigo una somera paliza que aún recuerdo, mientras que mis amigos escaparon asustados a sus casas.
Nunca más lo intenté por ese lugar, sino esta vez por el techo....

domingo, 25 de abril de 2010

EL ENCUENTRO ( Relato inèdito de Augusto Llosa Giraldo)



Santiago Hermitaño Casimiro, junto a su hermana en una
fiesta en Honor a San Santiago en Lima, en
el año 2007
 
EL  ENCUENTRO

Dedicado a: Reyno Hermitaño Casimiro
con motivo de su partida inevitable.


Entre el recodo abrupto del camino a La Palma, se bifurcan dos sendas angostas, pedregosas; Una hacia la parte baja del río y otra serpentina hacía lo alto de la montaña. Allí dos hombres se entrecruzaron en medio de un amanecer sombrío; cúmulos de nubes algodonados, semioscuros brillaban anunciando una lluvia tenaz, prolongada.
Ambos llevaban prisa que no les dio tiempo para hacer un alto y saludarse; apenas si se miraron y con la vista uno de ellos asintió un leve reconocimiento que muy pronto el fuerte chirriar de los grillos hicieron olvidar.
El primero de ellos era joven y bajaba trémulo a grandes pasos con la cara desencajada por la angustia. Hacia semanas que por su trabajo en la mina no sabia nada de su esposa que se encontraba en días de parto, era primeriza y vivían lejos del poblado más cercano, y eso le preocupaba. En cambio el segundo caminante, maduro era diferente; subía con pasos calculados y en su mirada profunda dejaba entrever malicia que su rostro cetrino no podía ocultar.

La lluvia amenguó un poco su gravitante poder y el efecto deslumbrante de los primeros rayos exacerbaron el ánimo ponderado de los hombres. En horas de la tarde la calma retornó lo que permitió que la gente se hiciera nuevamente al campo. En esta circunstancia los dos hombres volvieron a encontrarse entre el lodazal intransitable de una peligrosa ladera que la casualidad los volvía a juntar.
Eran los mismos viajeros que horas antes se habían cruzado, pero esta vez, uno venía borracho, encharcado de lodo con la mirada absorta, perdida; en cambio el mozo tenía el caminar lento con los ojos llorosos y el espíritu abatido.

Ambos se reconocieron e hicieron un alto forzoso en medio de un roquedal que cómo cornisa los protegía de la lluvia; hubo un primer silencio que el más viejo balbuceante, rompió;

.- ¡Soy un desgraciado ... maté a mi mujer y a su amante, porque los
Encontré durmiendo juntos... ¡

Volvió el silencio a cubrir todo el contorno agreste que los rodeaba;
Entonces, botella en mano el primero y casi cayéndose le ofreció un trago de licor al joven minero, qué cómo un autómata recibió, y sin mediar palabra alguna se lo llevó a la boca hasta secarlo en medio de gruesas lágrimas que cubrían sus grandes ojos negros, se recostó a una roca y levantando la mano con voz entrecortada, dijo:

.- ¡Yo soy otro desgraciado, llegué a mi casa justo cuando estaban
Velando a mi pobre esposa... ¡

Está confesión inusual tranquilizó un poco el ánimo ya que habían desfogado inconscientemente su desgracia que los unía, identificándose ambos como unos hombres marcados por la desdicha. Entablaron una breve conversación y comenzaron a caminar lentamente en una misma dirección; buscaban más alcohol. Muy cerca de allí se detuvieron para comprar en un pequeño “tambo” el
Bálsamo que calmara sus penas y sufrimiento.

Minutos después, ambos apenas podían sostenerse abrazados, caían y se levantaban hasta que sorpresivamente apareció un tropel de caballos en veloz carrera por la parte curva más estrecha del camino que no les dio tiempo para guarecerse y evitar el peligro: ambos fueron pisados y barridos, cayendo en el inevitable y profundo cause del río que fue la tumba para los infortunados hombres que el tiempo y el destino juntó para siempre.



(Relato inèdito)

martes, 23 de marzo de 2010

"LAS MADERAS DE DON HELENO" Relato de Augusto Llosa Giraldo



LAS MADERAS DE DON HELENO

En un año lejano que se pierde en el tiempo, llegó a Casma Don Heleno, hombre de mirada adusta y tez cetrina proveniente de un pueblo del norte, acompañado de un costalillo de tocuyo y una pequeña maleta de madera en donde portaba sus únicas pertenencias y la solitaria actitud de un recién llegado.

Pronto consiguió trabajo en la paña de algodón que en el valle abunda, y con el tiempo una pequeña casucha de caña a medio embarrar en donde solía vivir solo.

Su impenetrable silencio y huraño comportamiento no le permitía tratar amigablemente a nadie e hizo pensar a muchos que era mudo. Así pasaron los años dejando su marca indeleble en el rostro curtido de Dn. Heleno; siempre se le veía inmutable, indiferente, cargando su agua del único pozo que había en el lugar, cocinando en su fogón con leña o coronta que traía al culminar su jornada de trabajo, o lavando su ropa en la acequia contigua al barrio donde vivía.

En alguna oportunidad sostenía breves monólogos con sus vecinos más cercanos a su solitaria vivencia, balbuceando palabras con dificultad y aparente temor. Casi todo el tiempo luego de regresar del trabajo habitual se encerraba en su pequeño cuartucho en un ostracismo digno de la mejor causa.

Pero sucedió de pronto que en las mañanas, muy temprano se escuchaba un sonido raro, peculiar dentro de su cubil que sobresaltó a los vecinos más cercanos. Nadie sabia lo que estaba pasando. De allí que su monótona fisonomía cambió: adelgazó sorprendentemente, se le veía encorvado, con los ojos hundidos que irradiaban una mirada triste como pidiendo compasión, amor, asimismo, parecía que sus orejas habían crecido desproporcionadamente terminando en punta y con un color mortecino que atraía la mirada de la gente curiosa.
A partir de estos cambios observados en la persona de Dn. Heleno, la gente murmuraba en silencio al verlo pasar, cosa que hizo que todo el vecindario se enterara de su precaria salud.

Cierto día uno de sus vecinos notó que al fondo de su corral de Dn. Heleno habían varias maderas de fino caoba, bien pulidas que relucían con el sol., y pensó en comprárselas para mandar a hacerse una buena mesa. No lo pensó dos veces y acudió presuroso a tocar la puerta hecha de maderas viejas y corroídas.

Entre el tocar insistente y los segundos se hizo un vacío interminable, quebrado, angustioso que sobresaltó al vecino. De pronto lentamente la puerta se fue abriendo con un crujir que más parecía lamento, y al centro apareció la figura escuálida, borrosa, que la luz al cruzar su pequeño cuerpo proyectó una sombra tétrica que como un halo lo cubría:

- Dn. Heleno, disculpe que lo moleste, pero he venido para ver si Ud. me puede vender sus maderas que tiene, para hacerme una mesita que necesito…

- ¿Cómo dice Ud.? – contestó Dn. Heleno con una voz cavernosa, entrecortada.

- Es que cómo Ud. tiene unas maderas que no las usa en su corral… – No lo dejó pronunciar la última palabra, y con mucho esfuerzo replicó:

- Vea Ud., yo no vendo mis maderas y…por favor no me moleste más…

- ¡Perdón vecino, yo pensé… disculpe ¡

Ambos se miraron como dos extraños de pies a cabeza, luego se hizo un silencio breve que se cortó cuando Dn. Heleno levantó su brazo huesudo para cerrar la puerta. Allí el vecino pudo observar sus manos sucias de un color verde oscuro que temblaban lentamente.

A partir de ese momento todos los vecinos del lugar se dieron cuenta que aquel hombre misterioso y furtivo se encontraba enfermo, muy enfermo, que para tratar su mal que lo aquejaba en las mañanas muy temprano molía alfalfa fresca en un batán del cual extraía su jugo y lo bebía; asimismo lo habían observado que en la chacra contigua a su vivienda extraía el jugo de unas matas de plátanos que ocultamente bebía con asco y guardaba en pequeños frascos de vidrio.

Conocida la motivación de su extraña apariencia y el por qué ya no trabajaba últimamente y de la oculta apariencia, algunos vecinos trataron de ayudarlo pero éste se rehusaba cortésmente a los ofrecimientos.

Llegó un momento en que no salió varios días a recoger agua del pozo; solo su pequeño gato negro ronroneaba junto a su puerta y de noche maullaba insistentemente de hambre.

El último día que lo vieron caminar los vecinos se espantaron al verlo, caminaba lentamente con dificultad; su pequeño cuerpo era apenas un recuerdo de aquel hombre de contextura mediana y fuerte, y ahora daba lástima. Luego de sacar un balde de agua con dificultad se sentó, inspiró una bocanada de aire y abrió sus pequeños ojos negros y comenzó a observar todo cuanto le rodeaba hasta el anochecer. Uno de sus vecinos más cercanos al pasar junto a él, vio que lloraba muy triste.
Esa noche los perros aullaron hasta el amanecer y el maullido del gato ya no se escuchó.

Había muerto Dn. Heleno solo en silencio, los vecinos pobres como él, hicieron una colecta para comprar flores, coca, cigarro y café, y con las maderas que guardaba celosamente le confeccionaron su ataúd en donde depositaron sus restos y fue enterrado en el cementerio en donde reposa eternamente.

jueves, 11 de marzo de 2010

EL ÙLTIMO AMANECER (Relato de Augusto Llosa Giraldo)


EL ÙLTIMO AMANECER

Un leve viento madrugador recorrió agonizante los últimos cobertizos y refugios conocidos de aves y animales salvajes de las especies más raras que asustadas despertaban de su sueño; los sobrecogió a todos y en su afán instintivo, animal algo les decía que debían partir de inmediato. Así lo hicieron: las aves multicolores levantaron vuelo cuando los primeros rayos del sol dejaban filtrar sus hebras de oro y los cubría resplandeciente. Era hermoso divisar este inusual juego de luz que cegaba; mientras las bestias grandes y pequeñas alborotadas provocaban una estampida desordenada, crucial en aquella selva virgen del llano amazónico, animado bulliciosamente por un griterío estridente de los mil diablos de toda clase de pajarracos, simios y animales que en dirección norte corrían, trepaban, volaban desesperadamente. Era estremecedor contemplar está abrupta decisión jamás convocada en la historia de los animales.
El tumulto inesperado cogiò por sorpresa de igual manera a los integrantes de una tribu que poblaba selva adentro; a penas tuvieron tiempo para coger sus pocas pertenencias y echarse al río en sus pequeñas embarcaciones cuando por un poco la estampida los coge dormidos; ya el brujo lo había anunciado días antes que nadie creyó. Ahora lo habían perdido todo sin entender aún que es lo que había pasado en su territorio tan lejano y abandonado por las autoridades de los gobiernos que han pasado en la historia, y el hombre moderno y su mezquindad a cuesta.
Las rústicas barcas apenas pudieron cobijar a todos los niños, las mujeres y los ancianos; la mayoría de los varones tuvieron que echarse al agua sobre troncos de árboles secos y navegar sobre ellas. Era un éxodo fluvial no anunciado que maldecían en su lenguaje poco conocido, sus caras configuraban una evidente preocupación y la ansiedad por conocer el origen de su tragedia. El brujo conocedor de sus limitaciones sólo atinaba a mirar y callar aquella fuerza desconocida que a todos envolvía.
La estrepitosa huída de toda especie animal cubrió una amplia zona de la jungla que abarcaba muchos kilómetros a la redonda; en tanto el terreno temblaba en medio de un ruido ensordecedor, y una floresta enmarañada que en pleno movimiento parecía querer huir, cuando el sol asomó a plenitud, y vio preocupado este laberinto mortal que para muchos animales pequeños fue su tumba segura.
Cuando la distancia separó a todos de su hábitat natural y parecía que todo era una entupida decisión irracional, se comenzó a escuchar un leve sonido entre el susurro del viento y los árboles abandonados que se mecían vacíos, completamente deshojados; era un pájaro mecánico que volaba raudamente y que poco a poco cubrió todo el entorno del espacio silente que moría, en medio de un territorio destrozado que minutos antes había muerto para siempre.
Era el último amanecer disfrutado a plenitud por aquellos seres desprotegidos de su mundo habitual- ahora condenados- por el progreso inconsciente del hombre y sus absurdos intereses que nunca terminan saciados.