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viernes, 15 de octubre de 2010

LA PROCESIÒN FANTASMAL - Relato de Josè Luìs Yarlequè Gònzales



Josè Luìs Yarleque Gònzales, casmeño, autor de este relato.


LA PROCESIÒN FANTASMAL
(Relato)


Casma, es una ciudad católica desde tiempos virreinales. E1 siguiente relato, trata sobre las procesiones religiosas.
Cuentan las personas más antiguas de Casma, que por el año 1940, salía a la media noche una procesión que recorría las calles de Casma, acompañada de una banda de músicos que tocaban una melodía fúnebre que escarapelaba el cuerpo al escucharla. Muchos pobladores devotos se unían para acompañar la procesión; en el recorrido, a  los que se unían, les entregaban una vela. La ruta era muy extraña porque se dirigía al cementerio de Casma y cuando se encontraban cerca del camposanto, las velas se convertían en huesos pequeños y las personas que se unían a la procesión, ya nunca regresaban a sus casas porque se internaban en el cementerio para no volver.
 Cierta noche, Pascual, un peluquero de la época, se había quedado dormido en su peluquería. Dormía muy placidamente, cuando la música de una banda que se escuchaba lo hizo despertar sobresaltado; salió a ver qué sucedía y desde la puerta vio que estaba pasando una procesión con mucha gente, muy asustado, cerré la puerta de su taller y salió corriendo en dirección a su casa. Era ya de noche y comenzó a recordar lo que contaban de la procesión fantasmal.
Corría desesperado, el miedo se le reflejaba en el rostro, iba mirando hacia atrás y no se dio cuenta de que en medio de la vereda, había un poste de luz. El choque fue violento, cayó aparatosamente con la nariz rota y unos dientes menos, en ese instante, los curiosos y chismosos se aglomeraron para ver qué había pasado. Pascual, adolorido por el golpe, preguntó la hora y le respondieron que eran las siete de la noche. Al oír esto, Pascual rompió a reír tan fuertemente, que los que lo escuchaban, pensaron que estaba loco y se fueron.
Pascual se reía, porque creía que era la media noche y que la procesión, era la PROCESION FANTASMAL y no recordaba que Casma estaba celebrando la fiesta de la Patrona Maria Magdalena,  Qué gran equivocación. Un poquito mas y le pudo costar la vida.

José Luís Yarlequé Gonzáles.-

 Natural de Casma (1974), Bachiller  en Comunicación Social, a publicado: “Cuentos para leer en la Noche”, “Cuentos del Abuelo”, “Era una tierra de Guerreros”, y “El último Narrador de Cuentos”, y la Publicación “Crónicas Espaciales”.






jueves, 14 de octubre de 2010

COMPENDIO HISTÒRICO DE CASMA - (Fragmento del Libro de Augusto Llosa Giraldo)



COMPENDIO HISTÒRICO DE CASMA
(Fragmento)



JURA DE LA INDEPENDENCIA EN CASMA 

Los pueblos de Huarmey y Casma, juraron su Independencia los días 16 y 17 de Noviembre del año de 1820 (subrayado nuestro) como se advierte por el informe del 1º de Marzo de 1821, del Gobernador de Casma Don Thomas Poveda.
El Comandante Don Santiago Fonseca y el Cabo Baltasar Orrantia son los protagonistas principales de estos magnos sucesos, haciendo abandonar de sus empleos a los realistas del pueblo de Casma”.
Como podemos observar, Casma no permaneció ajena al acontecer nacional, que desde ya nos enaltece a los Casmeños. 

CARTA DEL LIBERTADOR SIMÒN BOLIVAR. 

Lograda la Independencia Nacional del Perú el 28 de Julio de 1821, los españoles todavía resisten en algunos lugares del país, negándose a abandonar el territorio patrio, y como tal se disponen a dar la última batalla, que en definitiva sello la independencia de nuestro país. 
Esta importante tarea de expulsión y rendición de las tropas del Virrey La Serna, fue encomendada al Libertador Venezolano Don Simón Bolívar, quien junto a su estado mayor se preparan para dar el combate final.  En esta tarea de organización por la afirmación de nuestra independencia, el Departamento de Ancash, jugó un papel preponderante en los planes del Libertador; en cuyo territorio según sus palabras: “Debían llevarse a cabo los encuentros militares”.- Según todos los cálculos de Bolívar, expresados en Carta que le dirigiera al General Sucre el 13 de Febrero de 1824, desde su Cuartel General de Pativilca en el que le reitera su propósito de convertirlo en campo de batalla, para lo cual debían de extraerse o eliminarse todos aquellos recursos o cosas que podían favorecer al enemigo.
Si los sucesos hubieran ocurrido, como lo preveía Bolívar, tal vez el nombre de uno de los pueblos de Ancash hubiese alcanzado la gloria que hoy comparten Junín y Ayacucho. Por la importancia de esta carta, reproducimos fragmentos de ella.
“Mando a usted otra vez a mi edecán Santamaría a llevarle nuevas instrucciones y esta carta. Creo que deberé irme pronto para Trujillo, porque ya empiezan a llegar los refuerzos que espero de Colombia y porque estando aquel departamento intacto y en seguridad, debemos aprovechar el tiempo para sacar recursos de él.  Luego que se pierda Lima, que será dentro de ocho días a más tardar, queda amenazado el Departamento de Huailas (Ancash) y pedida toda la costa hasta Casma, porque las fuerzas del enemigo por esta parte pueden concentrarse aquí; y cuando venga Valdez del Alto Perú, entrará por Huanuco a Huarás, o seguirá por Huari, y este cuerpo de tropas seguirá a Huarás por el camino de Marca.  Por lo menos, toda la caballería viene aquí, porque hay pastos y víveres para ella y no adelantarán hasta Casma, porque hay dos grandes despoblados (desierto) y el país carece de pastos además, podrá ser cortada esta caballería y atacada por un cuerpo nuestro que bajase de la sierra… En Cajatambo debe quedarse un cuerpo de observación, pero montado, aunque sea de infantería, para que pueda moverse con facilidad.  En Pativilca quedará el Comandante Navajas con su escuadrón de “Lanceros del Perú”, con orden de replegarse hasta Casma y Nepeña en caso de ser perseguido.  Si este Comandante se porta bien, que continué haciendo servicio, y si no, que vaya a retaguardia de Santa… Así, pues, nuestra guerrilla pueda quedar mientras tanto de Casma hasta Pativilca, de Huarás hasta Cajatambo y de Huari hasta Huanuco, pero estas guerrillas deben ser motadas (12).  El resto del ejército debe colocarse por escalones, la caballería de Casma hasta Lambayeque; la infantería de Huarás hasta Pallasca y de Huari hasta el mismo Pallasca que es donde se reúnen ambas direcciones… Quiere decir todo esto: 1º) lo que nosotros debemos limpiar todo el país que queda ocupado por nuestras guerrillas, 2º) que debemos aprovechar todo el paralelo al norte de Casma, Huarás y Huari hasta Pallasca…” 
A tenor de la mencionada carta, Ancash era el territorio de emergencia, donde acaso podían desarrollarse todas las operaciones militares y decidirse la suerte del Perú y de América. Ancash debía pues convertirse en campo de batalla y para ello había que preparar de antemano todo lo que podía favorecer al ejército patriota.  El departamento quedaba divido estratégicamente en dos zonas perfectamente definidas.
Una tercera zona quedaba fuera del territorio Ancashino y era donde debía ir a parar todos los recursos recolectados en las otras dos.  Desde Pallasca hasta la altura de Casma, Huarás y Huari, el territorio debía quedar sólo con los recursos indispensables para el mantenimiento de las tropas establecidas en esa zona.  Más adelante hasta Pativilca, Cajatambo y Huanuco la zona debía quedar desértica sin recursos y recorridos únicamente por guerrillas”.
En Febrero del año de 1824, el Libertador Don Simón Bolívar, acantonó las tropas en Casma, antes que este regimiento viajara al Callejón de Huailas para incorporarse a las tropas patriotas que marcharon a las Pampas de Junín. 
En todos estos preparativos y acciones previas a la gran batalla final, prevista por el Libertador, los pueblos de Ancash contribuyeron de manera decidida con sus aportes no sólo materiales; sino también, con un contingente constituido por jóvenes ancashinos, que luego tienen una destacada actuación en los campos de Junín y Ayacucho. Ofrendando de esta manera sus vidas muchos de ellos, en aras de justicia y la Libertad Patria. 
Lamentablemente no existen mayores documentos que prueben la participación directa de Casmeños en estas batallas, sin embargo estamos convencidos que Casma contribuyó en forma decidida en esta heroica acción libertaria, poniendo al servicio del Libertador Simón Bolívar, no solamente sus recursos materiales sino también su territorio, hombres, y mujeres que aún permanecen en el anonimato. 
Conquistada la Independencia Nacional en forma definitiva en la Batalla de Ayacucho el 9 de Diciembre del año de 1824, se comienza a construir los primeros cimientos de la futura República del Perú, para lo cual se llevan a cabo transformaciones políticas y administrativas, que permitan una mejor administración y control de la nueva Nación establecida por la voluntad soberana de nuestros pueblos. En estos primeros años de la Independencia Nacional, Casma comienza a tener mayor impulso comercial e incidencia en la vida política local y regional. 

LOS ÙLTIMOS DÌAS DE USHCU PEDRO (Fragmento de la Novela de Augusto Llosa Giraldo)


LOS ÙLTIMOS DÌAS DE

 USHCU PEDRO
(Fragmento)


CAPITULO  I

         Los últimos rayos del sol caían tristemente  sobre la cumbre del cerro “Ampicoto”, cual vigía contempla desde  la parte alta al pueblo  Quillo; el crepúsculo  enrojeció  repentinamente su resplandor como queriendo presagiar que algo iba  a suceder; mientras las tropas cansadas de Ushcu Pedro, hacían un alto para descansar, luego de un arduo viaje que los llevó cruzar la Cordillera Negra por la altura de Matacoto, tratando de abrirse camino pasó hacia la costa  para sorprender al enemigo y pertrecharse  de armas que en ese momento carecían, luego de  sufrir varias derrotas militares en el Callejón de Huaylas, y su posterior repliegue hacia la Cordillera Negra que hoy los cobijaba.

            Silenciosamente la tropa mal raída físicamente pero con la moral alta acampaba en la pequeña quebrada de Huallabanba para tratar de recuperar fuerzas y luego tomar Quillo por asalto. Pedro Cochachí más conocido como Ushcu Pedro, convocó de inmediato a su Estado Mayor para preparar el desplazamiento de la tropa y a la vez comisionar un destacamento de avanzada que inspeccionara la zona antes, y detecte al enemigo local y sus posibles refuerzos  de Lima que llegaban a través del Puerto Casma.

            La discusión fue larga como pocas veces ocurría para tomar una decisión sin mayor peligro. Al final se decidió  encomendar a seis de sus mejores hombres para infiltrarse por la noche en el pueblo e informar posteriormente los resultados de la presencia del enemigo.

            Los seis hombres fueron de inmediato convocados e informados de la acción y preparados para partir, Sólo llevaban un poco de cancha tostada, papa sancochada, y la buena suerte de los jefes al partir.

            A la mañana siguiente, Ushcu Pedro muy temprano pasa revista a su tropas mal raídas compuesta por  unos 300 hombres, se desplazaba preocupado, en su mente se encontraba presente la figura de sus hombres que en esos momentos cumplían la misión encomendada. Ordenó como una forma de tomar precaución y de confundir al enemigo que se  construyera  en lo alto de los cerros circundantes, figuras semejantes a hombre  con piedras y palos que a lo lejos aparentaran  ser guerreros armados dispuestos a atacar, mientras tanto los seis hombres hacían su ingreso al pueblo. Se habían dividido en dos grupos, uno de ellos se apostó junto a la iglesia y el otro a la entrada del pueblo que da a la parte baja. Ambos grupos llevan sombreros que les cubre la cara  para no despertar sospechas, asimismo gruesos ponchos  y su talega de coca que no cesaban de chacchar en todo el camino.

            A la mañana siguiente uno de los grupos se dirige a un tambo para comprar coca y a la vez indagar disimuladamente sobre las autoridades locales; uno de ellos pregunta en quechua:
.- Buenos días señora, véndenos coca.
.- ¿Cuánto desea?
.- Media libra nomás.
.- ¿Cuánto es?, pregunta el joven indio, a lo que el señor respondió:
.-  Son 5 centavos; (mientras la señora le daba el vuelto, uno de ellos preguntó).
.-  Disculpe señora, nosotros somos de Coracollo, y queremos saber quienes son las autoridades de Quillo, para hacer una gestión, ya que es la primera vez  que venimos; la señora mirándolos fijamente respondió:


.-  Al  costado de la iglesia se encuentra el municipio, allí está el alcalde, a él le pueden preguntar por las demás autoridades del pueblo.
.-  Muchas gracias, contestó el indio y haciendo una reverencia saliò del local.

            De otro lado el segundo grupo  se dedicó a recorrer silenciosamente las calles del pueblo a fin de descubrir la presencio del enemigo. Al cabo de varias horas no encontraron ninguna presencia militar, todo parecía normal, pero el aire tenso y enrarecido  denotaba algo que no podían explicarse en ese momento.
            Por fin llegó el medio día y sorpresivamente se inició un inusual movimiento de las principales autoridades locales, pronto las voces corrieron, se comentaba que las autoridades preparaban un gran recibimiento para homenajear a Ushcu Pedro – luchador de los campesinos -, la sorpresa fue mayúscula entre la gente, que entre sorprendida y asustada comentaba:
.- ¿Como es posible que reciban a ese indio bandido?, supay pa' guagua, ladrón que ha matado a muchos cristianos……

            Este comentario generalizado de inmediato corrió  cómo reguero de pólvora en todo el pueblo y la parte baja del valle.

            El alcalde anunció que las tropas de Ushcu Pedro se encontraban  cerca y serían bien recibidos  con honores, qué la familia Arteaga lo haría compadre para que bautice a uno de sus hijos; por ello el gobernador  encomendó  a una comisión compuesta de nobles quillupinos, que se encargarían  de invitarlo y comunicarle al guerrero rebelde  la decisión  de las autoridades del pueblo.

            Entre  sorprendidos y presurosos  encaminaron  su regreso los seis hombres encomendados por el jefe guerrero; no podían creer lo que habían  escuchado y visto con sus propios ojos, comentaban entre ellos sus impresiones y se resistían a  aceptarlo; al fin llegaron en horas de la tarde al campamento entre cansados y de hambre; de inmediato se dirigieron al lugar en donde se encontraba Ushcu Pedro; éste los saluda de pie y sin más preámbulos pregunta:
.- ¿Hay tropas enemigas?
.-  Manan canchu Tete.
.-  ¿Están seguros?
.-  Así es jefe, hemos revisado todo el pueblo y sólo hay cuatro policías, eso es todo…. Pero el pueblo sabe que estamos cerca de Quillo, así lo han dicho las autoridades, que lo van a recibir a Ud, para saludarlo y homenajearle; así como también lo van a hacer compadre, para eso viene una “comisión” de notables a invitarlo a Ud.

            Ushcu Pedro totalmente sorprendido por lo que acababa de escuchar, se saca el sombrero que lleva puesto, se rasca la cabeza  y luego de mirar el cielo azul, se sienta y pide que todos tomen asiento en circulo, transcurrieron varios minutos de silencio, luego se para bruscamente  y dice  a secas:

.- ¡Eso es una trampa, no lo puedo aceptar, hay que pensar que nunca los blancos miserables nos van a aceptar como ellos, y menos nos van a recibir como dicen, debe haber otro interés para que todos vayamos!.....¡Yo creo que es  una trampa!..... Ustedes que dicen…..

            Y mirando a todos los jefes, llama  a uno de los jóvenes asistentes, y pide un vaso de agua.

            El murmullo se generalizó, todos hablaban de dos en dos, Ushcu Pedro les escucha silenciosamente, hasta que de pronto poniéndose de pie, pide silencio y dice:

.-  Tomemos las cosas con calma, esperemos que venga  esa llamada” comisión”, para escuchar sus palabras y ver en sus ojos la traición…..

            Todos callaron en señal de acuerdo, y en silencio  se levantaron de sus asientos, y haciendo reverencia se retiran; sólo quedaron sus lugartenientes; Simón Huarca y el joven guerrero llamado Andrés.

            El frío de la noche en ciernes recogía los últimos rayos del sol, en medio de los roquedales que rodea a  la tropa, se podía divisar la débil luz mortecina de las lámparas que rodean el campamento  y al centro alumbra el gran fogón en donde se prepara la cena de la noche; que sería la última que Ushcu Pedro compartiría con sus hombres, a quienes amaba y quería como a sus propios hijos.

            Esta fue la noche más larga que vivió Ushcu Pedro, comió en silencio, pensando en los informes de sus hombres que habían traído de Quillo; terminada la cena, se dirigió a la parte alta en donde él, junto a sus hombres más fieles y de confianza dormían; se sentó, sacó su arma del cinto y acomodó su cama, consistente en gruesos jergones de lana de oveja y una frazada gruesa de hilo costeño; prendió un cigarro y comenzó así mismo a chacchar su coca sentado junto a Simón Huarca y al joven Andrés, quienes también chacchaban,  y silenciosamente contemplan el rostro del  jefe que parece arder entre la media luz que refleja el fogón desde la parte baja.
            Un viento suave pero frío recorrió el lugar; sólo los pocos caballos y burros de carga resoplaban y rebuznaban en medio de la oscuridad que cernía la agreste naturaleza, característica de estos valles montañosos de la sierra ancashina.

            Al cabo de una  hora, Ushcu Pedro veía como el pucho de su cigarro chispeaba y se apagaba, su coca en la boca no “armaba”, y se hacía agua; lo que lo llevó a levantarse bruscamente y gritar:

.-  ¡Maldición!

            Sus hombres al escucharlo  se levantaron asustados  de inmediato y prendieron presurosos sus pequeñas fogatas.

            Ushcu Pedro sudaba frío, y su cara desencajada  expresaba su rabia contenida, por lo que Simón y el joven Andrés acercándose y palmeándole el hombro le dicen:

.-  Jefe, no se preocupe, no va a pasar nada, nosotros lo vamos a proteger y a luchar por el bien de nuestra causa.

            A lo que él respondió.

.-  El cigarro y mi coca me  están avisando que algo malo va a pasar, estoy seguro, nunca me fallan….
.-  Pero jefe tenga calma, para eso estamos todos preparados para luchar y mientras  estemos unidos daremos la lucha hasta morir…

            Estas palabras de aliento  lo calmaron un poco; los dos hombres lo llevan cada uno del  de hombro nuevamente a su cama, y entre bromas comentan, que no se puede confiar en la superstición del todo, por qué a veces falla.

            Ushcu Pedro callado aceptó acostarse para tratar de dormir y se prometió no volver a fumar ni chacchar esa noche, pero por más que intentó le fue imposible hacerlo, y casi al amanecer,  apenas si “pegó el ojo”, antes de levantarse muy de madrugada. A lo lejos se escuchaba el canto de  una paca paca malaguera que por sobre unos matorrales de queñuales sobrevolaba sorpresivamente cómo tratando de escapar del mal augurio.

lunes, 11 de octubre de 2010

UN S.O.S (Relato de Augusto Llosa Giraldo)



Hermoso atardecer en el Balneario de Tortugas

UN   S. O. S

Las calles parecían un desierto alargado, vacío, huérfano de quienes habían sido sus beneficiarios y constructores? ¿Qué había sucedido aquella mañana innombrable que nadie quería recordar. Los pocos transeúntes que pasaban rápidamente cómo fantasmas de este a oeste a penas sí querían hablar cuándo se le preguntó por los pormenores de lo sucedido; silencio total y miradas esquivas fue la respuesta aparente a  nuestra inquietud que no encontró otra explicación en aquel enigmático momento.
Todo había trascurrido en minutos silenciosos que nadie se percató en un primer momento; sólo las aves  y lo semáforos  presintieron sus consecuencias fatales a tiempo; los primeros cómo por un efecto extraño fueron lanzados en bandadas por un viento sorpresivo que los arrojó muy lejos, en cambio los semáforos temblaban sin luz cómo queriendo correr. ¿Qué estaba pasando en mi ciudad de amurallados contrastes y vívida existencia?
Seguí caminando anonadado, perplejo por aquellas calles desiertas, furiosamente barridas por un viento inusual que nadie podía soportar, y que literalmente me quería levantar en peso, recibiendo no sólo polvo contaminado, sino latas vacías, cartones, papeles estrujados y embarrados con mierda y lodo. ¿A dónde me dirigía? No lo sabia, pero algo me decía que debía continuar  en aquella dirección, mientras el sol parecía ocultarse  tras el manto oscuro que formaba el polvo denso que cubría plenamente la ciudad.
Mis piernas apenas sí podían sostenerme de la furia del viento, tuve que detenerme y cogerme fuertemente de un poste que temblaba igual que  yo. Aterrado ya sin tener que hacer, ni decir nada, con la mirada escondida entre el poste y mi mano que la cubría; a lo lejos escuché un leve murmullo que me llevó a intentar mirar el cielo, y luego de varios minutos con dificultad pude observar un helicóptero que apenas se podía sostener  en el aire. Daba tumbos peligrosos en medio de un panorama estremecedor y violento.
De pronto se escuchó una voz por el altavoz que lanzaba un S.O.S  ordenando: “Todos los ciudadanos deben abandonar la ciudad en forma ordenada…” No escuché más, comencé a correr desesperado, casi volaba, el pánico me había cogido completamente y corría y corría, angustiosamente, hasta que doble por una calle hacia el lado derecho y ¡ Zaaas ¡ resbalé y comencé a caer por un túnel, angosto, oscuro, sin fondo, grité, griteee… hasta sentir ahogarme en  mi propia saliva y morir.

Desperté en una sala de un hospital, completamente vendado de pies a cabeza con una máscara de oxigeno conectado a mi nariz; a mi alrededor pude observar hombres vestidos de blanco que me miraban, mientras uno me auscultaba con una estetoscopio, el que parecía ser el jefe de los médicos. Al darse cuenta que qué había recuperado la conciencia se aglomeraron a mi alrededor, me tomaron el pulso, me sacaron la máscara de oxigeno y al fin me hablaron en un idioma que no entendía. Me sobrepuse con esfuerzo y pregunté:

.- ¿Dónde estoy?

.- ¿Qué ha pasado?

Uno de los galenos al verme  angustiado, contestó en español:

.- ¡Estas en Florida, Estados Unidos de Norteamérica…¡¡¡

.- ¡Eres el único sobreviviente del  avión que se accidentó hace tres días ¡¡¡

Me sobresalté en la cama y cómo si una chispa  eléctrica me tocara, me estremecí completamente, y comencé a convulsionar. Había comenzado a recordar todo lo sucedido en aquel avión que abordé, y especialmente de aquel sueño aterrador  que aùn recuerdo, quise sobreponerme pero un fuerte dolor en  la espalda me paralizó; continué llorando al recordar  todo lo sucedido, mientras observaba por la ventana a un pequeño colibrí  que afuera en el jardín sobrevolaba  como tratando de ingresar.
Una de las enfermeras al verme con cara de moribundo, abriò la pequeña ventana  còmo para congraciarse conmigo, en tanto yo saboreraba el  aire fresco que me repuso el alma.
                                                                                                  

jueves, 7 de octubre de 2010

PREMIO NOBEL DE LITERATURA PARA MARIO VARGAS LLOSA - (Ensayo)

PREMIO NOBEL DE LITERATURA

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010.
Orgullo Nacional.  

PARA MARIO VARGAS LLOSA

El mundo intelectual latinoamericano y en especial el peruano  en este momento vibra de alegría al saber que uno de sus mejores hombres de letras, acaba de recibir el codiciado premio como el es Nobel de Literatura  2010 que entrega anualmente la Academia Sueca entre otras razones  “por su cartografía de estructuras de poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, sublevación y derrota”.
Mario Vargas Llosa como tal ingresa al selecto grupo de los escritores universales que marcan un derrotero, y dejan huella en la conciencia de sus pueblos. Su tenacidad y constancia permanente por esa pasión como es la literatura, lo ha llevado a  este último peldaño al  que puede aspirar un novel escritor sin lugar a duda.
Los que nos hemos deleitado con sus libros de los más variados .temas y estructura gramatical, siempre nos ha  sorprendido con algo  novedoso que la critica literaria por lo general caía rendida al constatar su originalidad, extravagancia y  plenitud para tratar  diversos temas, siempre con valor y firmeza que a veces causaba escozor en la clase política de nuestro país u otros que eran escudriñados por el hoy laureado escritor. Comparto plenamente  esta decisión que nos hace sentir cada vez más peruanos y saber que el talento y creatividad de Vargas Llosa  era un aliciente  y motivación para los jóvenes escritores peruanos y latinoamericanos.
Casma, jueves 07 de octubre

miércoles, 6 de octubre de 2010

"SECHÌN, TESORO DE PIEDRA" - de Jaime Lòpez Raygada (Ensayo)



SECHIN,
TESORO DE PIEDRA

Sechìn, nos muestra una de la paredes laterales del
templo, cuya magnificencia es indudable.


La ciudad es pequeña y ha empobrecido. Casma fue opulenta, cuando el apogeo de las grandes haciendas. Ahora languidece, a la plaza, sombreada por aromosos ficus fusilaron a Uschu Pedro, el lugarteniente de Atusparia, que levantó a los indios contra el gobierno de Cáceres, porque la autoridad le hizo cortar la trenza que usaba como signo de realiza entre sus agentes. Cuanto tomó Huaraz, no cometió atropellos contra los blancos despavoridos, murió víctima de una celada.
En cuanto a Uschu Pedro, o Pedro el Negro, hizo frente al pelotón de gendarmes con espartana serenidad – pero Casma tiene un tesoro a las puertas, en los terrenos de la hacienda San Rafael.  Este tesoro es de piedra y se llama “Sechín”, descubierto y revelado al mundo por Tello, que quedó fascinado por aquellos restos líticos en los que asoma un mundo nuestro hace tres mil años, donde las imágenes de crueles guerreros de entonces triunfales y misteriosas imágenes intraducibles hoy, fascina y conmueven aún todavía en medio de la ruina de tantos siglos de depredación.  Todavía está en pie una estela blanca de granito con extrañas marcas que parecen indicar que servía para medir la altura de las aguas.  Porque de antiguo el valle fue azotado por avenidas que la asolaron.  En este sector, en los Cerros de Sechín y Mojeque, apareció hace milenios o más, un complejo cultural, cuyas muestras epónimas están en los adoratorios de los dos “Sechines” el Alto y el Bajo.  Hubo en el principal de ellos, el de Sechín alto, un templo o palacio-templo comparable a los asirios o Egipto, que en nada les cede.
Había noventa y ocho monolitos bellísimos, todavía quedan ochenta en el terreno, doce han sido robados y seis están en el Museo Nacional de Antropología.
De aquella misma época, tan lejana en el tiempo, es el llamado “Castillo de las Calaveras” donde se encuentra inmensa pila de cráneos, testimonio de la crueldad con los que los quechuas invasores castigaron aquel último reducto del Gran Chimú al que sólo pudieron avasallar, cortándole los acueductos de agua potable y cercándolos por hambre.
Sechín es un tesoro de enorme valor que hay que conservar y difundir, y cuya custodia tienen que asumir nuestras autoridades. Hace pocas semanas, estuvo allí Arturo Jiménez Borja, que consiguió alguna ayuda para efectuar trabajos iníciales.
Los Casmeños, pagaron tres peones para cooperar. El día en que limpien las ruinas, se cerquen y se reconstruya aquellas venerables huellas de un pasado grandioso, Casma volverá a ser opulenta, porque habrá una corriente de visitantes que para recorrer el adoratorio se detendrán en el antiguo pueblo dormido, que es ahora sólo un lugar de pasaje hacia las ciudades de la sierra de Ancash y del norte grande.

Autor: Jaime Lòpez Raygada

           (El Comercio – 04 de Mayo de 1970) 


PEQUEÑA GAVIOTA - Relato de Augusto Llosa Giraldo


PEQUEÑA GAVIOTA



Para ti C.A. por tu inspiraciòn


Las  gigantescas olas golpeaban sin cesar la pequeña costa de una isla escondida en medio de la mar en donde pernoctaban asustadas todo tipo de aves que no lograron alcanzar la costa antes del anochecer.
Entre ellas una pequeña colonia de gaviotas se escondían entre los escondrijos resbaladizos hasta donde llegaba con fuerza inusitada las olas una tras otras, en una noche tormentosa que no tenia cuando acabar. 
En medio de este panorama convulsionado una pequeña gaviota se escondía debilucha, muerta de miedo que tiritaba de frío junto a su madre y hermanos mayores que no se cansaban de darle fuerza, valor.
Llegada la mañana la calma se hizo presente en medio de un mar esplendoroso que brillaba con un sol que parecía arder.
Una a una las aves se acicalaban y calentaban sus alas con un batir incesante que denotaba alegría y predisposición a partir de inmediato para alcanzar su destino.
Los primeros en levantar vuelo fueron los pelícanos pesados, seguidos de patillos que no dudaron en lanzarse al agua en medio de un bullicioso agitar y alboroto.
Las gaviotas en cambio demoraban en hacerse al espacio porque uno de ellos, presa de miedo se resistía a volar, tenia  temor porque sufría de mal de altura. Y era miope y esa noche aciaga había perdido sus anteojos y como tal no podía visualizar bien a lo lejos.
Luego de una larga discusión  todas las gaviotas la conminaron a volar, de no hacerlo se quedaría sola en aquella isla abandonada, estaba sentenciada a volar o a morir.
La gaviota mayor que parecía ser el jefe de la bandada fue la primera en remontar su vuelo, le siguieron los demás y cuando parecía que la pequeña gaviota vacilaría, ésta se lanzó al espacio con evidente temor que poco a poco fue superando, y siguió a la distancia a la colonia hasta alcanzar la costa horas después.
Su llegada fue celebrada con mucha alegría, y partir de este momento nunca más tuvo miedo a la altura,  y el problema de su antigua miopía de pronto desapareció sin mayor explicación.

Tortugas, 02 de octubre 2010

lunes, 20 de setiembre de 2010

RIO NEGRO - (Relato de Augusto Llosa Giraldo)

RIO NEGRO



           La arenisca  caliente y terrosa  se  levantaba  en grandes proporciones en aquel terreno desértico que bordeaba la costa agreste; no había un solo elemento viviente en muchos  kilómetros a la redonda; Sólo la estela turbulenta de la camioneta denotaba presencia humana en aquella senda virgen que se habría paso con grandes dificultades, en medio de un día soleado de marzo; Oscar, iba al volante sudoroso y concentrado que con gran habilidad sorteaba cada uno de los obstáculos en aquel paraje intransitable lleno de baches, curvas y pendientes peligrosas;  Había decidido cortar camino por un trecho poco conocido qué sólo los más intrépidos  aventureros podían desafiar  en épocas de verano. Tenía que llegar al lugar indicado antes de la puesta del sol.
La ruta inevitable que había emprendido era larga, desprovista de poblados, sólo en parte el mar se veía reluciente, azul, para luego desaparecer por entre los inmensos cerros  oscuros, luego aparecía el desierto inmenso, mudo  a semejanza de una mesa áspera sin pulir, ondeante por entre dunas hermosas, que de trecho en trecho aparecían  como medias lunas despeinadas por el viento proveniente del mar.
Había partido al mediodía luego de una mañana agitada de compras, encargos, y la compañía del Dr. Joaquín Bataglia recién llegado del extranjero, quien  lo había contratado como chofer, para traer de regreso a todos los expedicionarios de la Misión Científica que él dirigía de una connotada Universidad Europea; fue muy explícito en sus recomendaciones  y bondadoso en el pago de su servicio, lo cual entusiasmó  y lleno de  valor a Oscar. No era la primera vez que lo hacía  sólo que esta vez   la ruta que había tomado era más corta  para el tiempo señalado, por lo que tenía seguridad en hacerlo muy pronto para cumplir con su cometido.

            La expedición arqueológica había cumplido los plazos señalados de trabajo, en una zona costera del litoral casmeño, cuyos resultados nada halagadores impidieron una nueva autorización oficial; situación que incomodaba al Dr. Bataglia  que no dudaba en retornar pronto a su país. Las expectativas formuladas en este proyecto fueron muy difundidos por la prensa especializada tanto del país, como en el exterior, lo cual comprometía el prestigio alcanzado del profesional en su calidad de director, que de regreso al Perú sólo atinó a señalar , ante el requerimiento de la prensa, qué por falta de presupuesto la importante misión  había suspendido sus labores, que por más de quince  meses de ininterrumpidos trabajos había desarrollado en “El Huaro”  en busca de una ciudadela pre-inca, que según los estudios se encontraba sepultada entre los arenales.
El viento fuerte calcinante de la costa, que todas las tardes azota con dureza los extensos desiertos del norte, impide ver con normalidad un trayecto cualquiera; la arena y el sopor que agobia a tan altas temperaturas no era impedimento para que el joven chofer dirigiese su máquina con seguridad por aquella marginal pocas veces transitada.
La jornada era dura, lo cual exigía el mayor esfuerzo, que no dudaba en lograr; hacía dos horas que había iniciado el viaje, y aún faltaba un poco más, en tanto que la tarde caía sobre el poniente y los primeros signos de calma se dejaban notar. Solo el ruido característico del motor rompía el silencio aparente que se ceñía sobre aquel terreno desolado.
Conocía el peligro que entrañaba aquella decisión de vadear la carretera para cortar el trayecto. Sólo el instinto audaz podía asegurar que el éxito le sonreiría una vez más. De pronto el atardecer  lo fue envolviendo lentamente, tuvo que moderar la velocidad del vehículo para no cometer alguna imprudencia lamentable. A estas alturas del camino se comenzó a preguntar.- ¿no habré cometido una imprudencia  por pretender ahorrar tiempo? pero que se puede hacer.- se dijo.- Sí  ya estoy cerca al lugar  y con un poco de suerte llegaré en unos minutos más. Los faros iluminaban  con dificultad los estrechos senderos qué en la medida que la noche se acentuaba, no podía divisar; el terreno de pronto cambió su configuración y  era muy peligroso continuar; los neumáticos violentamente saltaban, hasta que en una curva pronunciada al girar el timón, éste se quedó plantado produciéndose  una fuerte explosión qué por poco se voltea. ¡No doy más¡.- se dijo .- tengo que forzosamente esperar que amanezca para reparar el daño y continuar. Repuesto ya del susto se dio cuenta que estaba bañado en sudor, de arena que le cubría todo el cuerpo, y que le incomodaba tremendamente. Tomó un bidón de agua que llevaba, se desnudó en medio de un cielo transparente que lo envolvía, y lentamente se fue bañando de a pocos con un vaso, hasta que el alivio le colmó el espíritu.

              A esas  horas un silencio sepulcral endurecía el ambiente natural que lo protegía, atenuado de rato en rato por una suave brisa con olor a mar que corría de sur a norte. Ello aliviaba en parte la desazón que le embargaba, en momentos en que el hambre le hacía comer unas galletas y beber una gaseosa con aparente satisfacción. La dureza del camino comenzó a manifestarse en su cuerpo, con fuertes dolores de espalda y brazos que le obligó a descansar para relajarse .- Voy a dormir como una marmota para levantarme temprano¡.- Murmuró entre dientes.- Para ello prendió la radio y  escuchar un poco de música que le permitiera despejar su mente, y cuando ya se disponía a cerrar los ojos, sintió ganas de orinar, entonces, abrió la portezuela de la camioneta  y salió a campo abierto, dejando la radio escuchar una conocida melodía que corrió  en el  ambiente; lo recibió  un viento esquivo que a intervalos lo acariciaba dejándole una sensación indescriptible de tranquilidad y sosiego que nunca había experimentado. Sorpresivamente levantó la mirada al cielo y quedó maravillado, atónito al contemplar la majestuosidad de la noche estrellada que en su más mínimo detalle se dejaba divisar. Fueron segundos o quizás minutos que permaneció inmóvil, anonadado, embelesado por aquel espectáculo sideral inusual que de pronto fue roto por una tenue luz  que se extendía cada vez más, con un color dorado intenso, a unos quinientos metros o más hacía al norte. Su sorpresa fue tan grande que no podía creer lo que sus ojos veían, era algo así como una llamarada localizada detrás  de una colina que con mucha nitidez  se podía contemplar; pasmado tardó unos instantes en cerciorarse sí estaba dormido o despierto, movió la cabeza a todos lados, cómo tratando de buscar ayuda, pero nada. Estaba solo en aquel paraje solitario. Entonces sus ojos volvieron a mirar la deslumbrante luz  con más confianza que lo atraía, lo embriagaba.
No lo pensó mucho y armado de valor, decidió ir al encuentro de aquel misterioso resplandor de grandes proporciones que lo atraía como imán.
Se acercó al vehículo, apagó la radio y cerró la puerta con sumo cuidado, y comenzó a caminar con cautela, pero resuelto a conocer la verdad de aquel fantástico suceso.

            Lo inexplicable tiene el beneficio de la duda, cómo creer en algo que sencillamente no era posible que existiera, pero los hechos en ese momento eran evidencia palpable.  Cómo explicarse y creer,- se decía.- Oscar, mientras avanzaba cautivado con firmeza, puesto los ojos fijos en está luz etérea muy rara que le daba una brillantez extraña. Sigilosamente se fue acercando al borde del médano arenoso que la protegía, y comenzó a trepar lentamente, y cada vez que daba un paso se hundía, pero luego de mucho esfuerzo logró llegar a lo alto; y grande fue su sorpresa, que lo obligó a caer de rodillas, sudoroso, al contemplar al fondo un valle una ciudadela de grandes proporciones que parecía arder, mientras del cielo caía una lluvia repentina de luces fugaces que inmediatamente desaparecían. Absorto, maravillado se dejó conducir rápidamente a grandes pasos por una senda empedrada que daba acceso al interior del complejo arquitectónico. Su intrepidez quedó complicada  luego de cruzar por una de las inmensas puertas de la alta muralla protectora, al descubrir interminables callejuelas estrechas que desembocaban en amplias avenidas simétricamente trazadas por una inteligencia superior, desconocida qué no podía explicarse en esos momentos, además sus escasos estudios le impedían conocer más; siguió caminando por plazas y calles  bellamente adornadas con colosales monolitos propios de una cultura muy desarrollada e ignorada hasta entonces; cansado y vencido por el natural miedo humano, se decidió ingresar al interior de uno de los suntuosos y magníficos palacios que de lejos se divisaba. éste se ubicaba en lo alto de una meseta que dominaba con todo su esplendor el valle; la escalera de ingreso estaba finamente labrada en roca viva en forma de S de unos cincuenta metros de largo por unos tres metros de ancho, el frontis principal  descansaba  sobre una plazoleta de forma concéntrica toda adoquinada con piedras ovoides de colores diversos; la construcción tenía paredes de granito o algo parecido de dimensiones asintóticas, con figuras llamativas en bajo relieve que sobre la puerta asemejaban ser eternos guardianes; el más terrible parecía ser la mirada de un cóndor gigante que con sus alas abiertas daba la sensación de querer atacar.  Había también jaguares, pumas y peces extraños que en todo el contorno del salón  principal parecían vigilar. En la parte alta se hallaba un santuario al que había que  por una escalera de mármol color  Rosado. éste tenía pequeños terraplenes en tres niveles, todos en forma de U , en la parte central se alzaba la figura de un deslumbrante disco solar de oro macizo, de unos tres metros de diámetro, que con sus espigados rayos cubrían casi toda la parte lateral del edificio; en estas  circunstancias, Oscar no pudo contener  la emoción, y en un extraño éxtasis que lo embargo, se abalanzó sobre un conjunto de estatuillas de oro de todo tamaño que se encontraban sobre los terraplenes.- al parecer.- eran ofrendas sagradas dejadas en señal de veneración que el intruso no supo valorar, ni menos comprender en ese momento.
La magnificencia del aposento y todos los lugares brillaban con esa luz misteriosa que lo resplandecía todo, y permitía observar con todo detalle a grandes distancias; Era sencillamente, o extrañamente, extraordinario, fantástico...
                                                                                                
              La madrugada asintió sus primeros resquemores permitiendo que el alba dejara filtrar su primer atisbo de luz, y se hizo la mañana.
Qué había sucedido con Oscar, luego que amaneció,  que fue  hallado perdido en estado inconsciente, luego de una intensa búsqueda  por entre los arenales cercano al mar, con los ojos desorbitados y balbuceando palabras incoherentes, señalando a cada rato con el dedo índice un lugar llamado: “Río Negro” que el repetía sin cesar. Antes de ser internado en un hospital siquiátrico de la Capital y ser abandonado, se le encontró en uno de sus bolsillos una pequeña estatuilla de oro de incalculable valor que el profesor Bataglia ocultó, y se lo llevó a su país como único recuerdo de su frustrada expedición, y que hoy se exhibe con orgullo  en el museo de la Universidad; catalogado con el nombre de: “Cultura Río Negro".- Período Formativo Temprano.- 1,800 años a.d.c – Casma – Ancash – Perú.


viernes, 17 de setiembre de 2010

UN VIAJE INESPERADO (Relato de Augusto Llosa Giraldo)

           UN VIAJE INESPERADO

El autor en la ciudad de Ocros, capital de la provincia
del mismo nombre, en la Regiòn Ancash.

            Para tomar una decisión inusual, en el acto hay que tener poderosas razones y motivos más que suficientes para actuar sin pensar dos veces.  Aquella mañana fresca de mayo, Oscar recibió una sorpresiva carta de manos del cartero en momentos en que se aprestaba a partir; verificó quién era el remitente y la abrió con ávido interés  y comenzó a leer en forma pausada, y lo que parecía una usual misiva se transformó en una real preocupación que le humedeció los ojos y lo llevó ha abrir la ventana de la habitación que todavía olía a ropa usada para respirar un poco el aire fresco, que lo necesitaba, y ordenar sus ideas que lo habían atolondrado un poco y cogido por sorpresa ; se sobrepuso, se fijó en la fecha de remisión de la carta y constató que habían transcurrido más de dos semanas para que está llegara a sus manos. Entonces no tuvo más remedio que preparar su equipaje, hacer una llamada telefónica a su centro de trabajo y partir al volante de su nueva camioneta. Sabía que le esperaba un largo viaje y había que tomar precauciones: lo primero que hizo fue comprar un mapa geográfico y una guía de viaje de esa región casi perdida al este del Perú; tomó un desayuno frugal y se aprovisionó de botellas de agua gasificada, bolsas de biscochos, y partió solo sin mediar explicación a nadie en particular.

            Conforme avanzaba el vehículo y los kilómetros desaparecían, transcurrieron muchas horas de viaje, y es cuando el hambre y el cansancio aparecieron  pero no le hicieron  mella; ascender el macizo central de la Cordillera de Los Andes, es tarea de cuidado para quienes por primera vez lo intentan, y en este caso, Oscar tomó sus precauciones, y así lo hizo; antes del anochecer decidió descansar en un pequeño poblado que se ubica a un costado de la carretera antes de pasar al otro lado de la vertiente andina; estaba muerto de hambre y cansado tenía que reponer fuerzas  y cerciorarse del buen estado del vehículo. Se estacionó en un restaurante en donde cenó un suculento caldo de gallina de corral, caliente  de entrada, y como plato de fondo, un bistec de carnero a la parrilla, con sus papas fritas, ensalada de verduras y una copa de buen vino para asentar la comida, que por ser bueno, se tomó tres; luego se hospedó en un antiguo hotel  que más bien era una antigua casona acondicionada para este negocio, en donde una ducha de agua caliente le repuso el ánimo, y antes de meterse a la cama, sintió ganas de leer nuevamente la carta en cuestión que le atosigaba el espíritu, y luego de vacilar nerviosamente por unos segundos se decidió a sacarla del bolsillo de su casaca de
Cuero;  con cuidado la abrió y comenzó  una lectura pausada, de
Palabra por palabra y entonces descubrió que el contenido de dicha carta era una especie de testamento que le sugería por momentos y en
Otros le daba instrucciones precisas de tal o cual cosa que debía cumplir luego de determinadas circunstancias y condiciones; fue en ese instante que recordó los mejores momentos vividos durante su  niñez y cuando se casó hace varios años y fue feliz antes de enviudar y quedar  nuevamente solo. No tuvo tiempo para tener hijos, el lamentable accidente que sufrió su joven  esposa se lo impidió, y eso le remordía como un castigo, no quiso recordar más, se recostó en la cama, prendió un cigarrillo, mientras ojeaba el mapa de viaje trazado, hasta que el cansancio lo hizo dormir profundamente sin que él se diera cuenta.

            Antes del amanecer  un potente trueno estremeció las montañas, que le hizo saltar de la cama y recordarle que ya era tiempo de prepararse para reanudar el viaje. Abrió la ventana que daba a la calle principal y pudo percibir el olor a mojado y el fresco pan que  llegaba con un viento fresco que le animó la mañana, y observar asimismo  que llovía levemente con ponderación; entonces  acomodó sus pocas pertenencias, tomó las llaves de la habitación y del vehículo y salió; al bajar la escalera de piedra se cruzó con la dueña del establecimiento que luego de saludarlo le ofreció una taza de café caliente  que él accedió amablemente, fue momento para intercambiar algunas impresiones del carretera  que ingresaba muy  cerca a la zona selvática, que él nunca había pensado conocer y tenía las peores referencias, Luego de agradecer la gentileza de la anfitriona, se dirigió al garaje en donde limpió cuidadosamente  la camioneta, en tanto que el sol comenzaba a rayar los picachos de las altas montañas, con un cielo límpido que poco a poco dejó todo vestigio de mal tiempo ; antes de partir, compró una bolsa de pan de maíz que todavía humeaba y unos tamales calientes de gallina.

            Con suerte la lluvia se disipó rápidamente y el sol brillaba resplandeciente en todo el valle agreste de la sierra, que comenzaba a descender desde que cambió de ruta; era el ingreso a la tierra caliente, llena de sorpresas y peligros desconocidos; uno a uno los ríos grandes y pequeños descendían sorpresivamente, tormentosos y cruzaban la carretera. Por otra parte, el verdor era cada vez más intenso de los inmensos campos que se abrían paso en medio de una enmarañada flora  todavía  virgen, junto a un calor cada vez más sofocante y lleno de  mosquitos y otras alimañas que  parecían salir del vientre de esta  tierra  endemoniada que no todos pueden  estoicamente soportar, muy  a pesar de la exuberante belleza que nuestros ojos pueden contemplar en estos parajes llenos de vida y muerte que es una constante diaria por sobrevivir; ninguno de estos obstáculos pudo doblegar el espíritu tenaz de Oscar, que ya se sentía más aliviado al saber que muy pronto llegaría a su destino; era solo cuestión de unas horas nada más para llegar a “Nueva Esperanza”,  poblado enclavado en la parte alta de una pequeña  colina,  junto  a dos ríos caudalosos que la cruzan y  vigilan celosamente desde la parte baja del valle.

            A estas alturas del camino, la “civilización occidental y cristiana” se vuelve a contemplar a lo largo de la ruta  con ciudades modernas, llenas de confort y tecnología que hacen palidecer a cualquier otra ciudad, que cómo “oasis” brillan llenas de cemento y sensualidad desbordante, al menos esa era la impresión que tenía Oscar, luego de ingresar a uno de los  bares que pululan por todas partes, para tomar una cerveza bien helada y contemplar a las mujeres que  atendían a los parroquianos con ropa ligera y dispuestas a toda petición de los clientes, que no se hacían de rogar para estos menesteres. Mientras una  música estridente y cadenciosa animaba el ambiente.
Las ansias por llegar le hicieron olvidar las horas, el cansancio y el hambre; cuando  al promediar las cuatro de la tarde  el vehículo hizo su ingreso a “Nueva Esperanza”, una ciudad bien trazada, de casas mayormente de madera; no le fue difícil dar con la pequeña plaza de armas, llena de poncianas y buganvillas bien cuidadas, y preguntar a un transeúnte por la dirección que traía- le señalaron – qué sólo a dos cuadras a la derecha de la Iglesia Matriz se ubicaba la calle en mención; al llegar al lugar  miró desde el interior de su vehículo que la puerta principal se hallaba cerrada y luego de vacilar unos segundos se animó a bajar resueltamente con la carta en la mano. Subió unos peldaños de la escalera de madera, y con cierto temor, tocó tímidamente la puerta, nadie contestó, pero al fondo de la casa pudo percibir que un perro  ladraba, entonces volvió a tocar y en menos de un minuto se abrió la puerta, y dentro de ella pudo observar a una mujer relativamente joven de mediana estatura, esbelta que vestía completamente de negro, cuya palidez de su rostro blanco y delicado  resaltaba con la luz del sol que le llegaba a la cara. Reponiéndose de esta primera impresión, preguntó: “casa de la familia Córdova” – si – respondió tímidamente la mujer; “soy hermano de Alberto y vengo de la costa.”  No hubo más palabras entre los dos, porque la pobre mujer se quebró en llanto y se echó a los brazos de aquel hombre que sabía que era hermano de su difunto esposo que semanas antes habían sepultado tras sufrir una penosa enfermedad, y quién antes de morir le advirtió que ella no se quedaría sola, no sólo porque tenía a sus dos hijos varones, sino porque  le tenía preparado una sorpresa que ahora ella comprendía, ya que el difunto nunca le había confiado que tenia un hermano gemelo. Pasadas las primeras impresiones y las emociones que los embargaba a ambos, Oscar le entregó la carta de su hermano que ella leyó con avidez, atención y sorpresa, y luego de invitarlo a pasar a su casa, aparecieron de pronto los niños que al verlo corrieron ha abrazarlo y a un solo grito los dos exclamaron:

- “Papá no has muerto...”