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jueves, 20 de agosto de 2009

"UN PEQUEÑO ARDID" - Por Augusto Llosa Giraldo



UN PEQUEÑO ARDID


 

Algunos personajes envilecidos por el odio y otros expertos buscadores de emociones fuertes, han intentado con lo más sofisticado de la tecnología, hallar tu pequeño escondrijo que te cobija inmune de la preocupación entúpida de la gente y a la fecha han fracasado.

Ante estos hechos de controvertida opinión y parcial condena, hay quienes han propuesto que tu captura sea asumida como política de Estado y haya recompensa para quien de una pista segura que conduzca a tu paradero; otros por el contrario discrepan, argumentan violación de derechos, intolerancia, canibalismo, etc.
La opinión pública mayoritaria – ante estos hechos – según la última encuesta, duda, no avala plenamente las medidas adoptadas por el contrario un buen sector de la población, pide diálogo, compresión, tolerancia.

En este contexto dividido de dimes y diretes, de tirios y troyanos, llegó una sorpresiva noticia aun no confirmada: “Murió la alegría, victima de tristeza”. Todos los interesados guardaron silencio cómplice, menos uno, que distante del bullicio asfixiante de la urbe, sonreía seguro de conocer que todo esto era un pequeño ardid publicitario, porque la alegría no había muerto, por el contrario ésta reía a carcajadas.
Detrás de los silencios misteriosos hay una singular evidencia que pocos conocen, porque ésta se encuentra estratégicamente escondida entre el rumor tedioso del día y el claro obscuro del cielo que denota su presencia vital, inocultable.

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